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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Álava

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Casi un millar de mayores alaveses disfrutaron ayer de una suculenta comida y un animado baile en el encuentro anual de la asociación Las Cuatro Torres
26.10.08 -

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Comieron, cantaron, bailaron, hicieron nuevas amistades e incluso quién sabe si alguno encontró pareja. En definitiva, los novecientos mayores alaveses que se acercaron ayer hasta el polideportivo de Mendizorroza lo pasaron en grande. No podía ser menos, pues todos ellos celebraban el Día del Jubilado, organizado por la asociación Las Cuatro Torres. «Hay muy buen ambiente y entre todos creamos un acto bonito», apuntaba el presidente de la agrupación, Antonio González Cabezudo.
La jornada arrancó con una misa en la iglesia de los Desamparados y, tras la ceremonia religiosa, como si de una boda se tratara, llegó el momento del banquete. El menú: «Jamón, langostinos, espárragos, paté, morcilla, cordero y goxua, que les sale riquísimo», enumeraba Marisa Couso mientras comenzaba a pelar el marisco. «No creo que repita ningún plato. Yo a lo que estoy esperando es al baile para menearme un poquito», confesaba.
La música no era lo que más gustaba en la otra punta de la mesa, donde se concentraban tres matrimonios extremeños que lleva «toda la vida en Vitoria». Rosi Rosado y su marido, Manuel Arenas, eran uno de ellos. «A mí me va más ver cómo baila el resto. Me siento y observo toda la pista», decía ella. «Yo ni me molesto en buscarme otra pareja, si luego hay que volver a casa con la de siempre...», le contestaba, divertido, su esposo. Al menos, los dos coincidían en algo: «La morcilla está buenísima».
Sin pareja
El jamón era lo que triunfaba a unos metros de esta pareja. «Nos hemos comido el plato de este hombre porque el sitio estaba vacío y pensábamos que ya no venía», se excusaba Rosario Burguete. Pero la camarera no tardó en llegar con una nueva ración para el afectado, Miguel, al que sus compañeros de mesa le querían recompensar buscándole novia en la fiesta. «Oye, si me encuentras una más joven que mi mujer, yo también me apunto», añadía su vecino de asiento.
Mientras tanto, las mujeres del coro de la asociación animaban la sobremesa. «Nosotras no venimos por la comida, sino por el ambiente», reconocían Toñi y María Luisa, que reclamaban «algún bolerito más en vez de tanto pachangueo» en el baile. La pista esperaba también a Teresa, que se proclamaba «una gran bailarina» aunque ayer no sabía si se animaría a salir. «No tengo aquí a mi marido, que se ha quedado en casa porque aún no tiene la edad. Yo es que me los busco jóvenes, como la Obregón», comentaba. Junto a su amiga Marina, pensaba ya en el próximo encuentro porque «nos juntamos con gente respetuosa y, además, después de tanto trabajar, ¡esto es vida!».
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