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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Álava

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Las órdenes de protección suben un 33% en un año, por lo que los agentes municipales han custodiado ya hasta septiembre a 52 mujeres

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La violencia doméstica empieza a dejar de ser un asunto de 'puertas para adentro' en Vitoria. Las víctimas son más conscientes que hace unos años de que pueden contar con apoyo para empezar una nueva vida y cada vez son más las que dan el paso de pedir ayuda e incluso denunciar a su agresor. Esto ha supuesto que trabajadoras sociales, psicólogos, jueces, abogados, policías y en general toda la red de atención a estas mujeres esté saturada. Además de seguir los casos antiguos, debe atender los nuevos y necesitan respaldo. Por estos motivos y por el incremento de casos, la Policía Municipal de Vitoria ha reforzado con un nuevo agente su Grupo de Intervención en Violencia Familiar. Esta unidad pionera surgió hace tres años con el objetivo de ofrecer una atención cercana y especializada a las víctimas. Arrancó con dos policías y acaba de incorporar a una tercera, explica la guardia urbana Maya Resa.
La estadística avala esta necesidad de contar con más ayuda. Si se comparan los datos de los tres primeros trimestres de 2007 con el mismo periodo de este año, es evidente que la capital alavesa ha dado un nuevo paso en la mejora de la atención a estas personas. Prueba de ello es el aumento de un 33% de las órdenes de protección que dictan los juzgados. Sólo hasta septiembre los policías locales han tenido que custodiar a 51 mujeres (y a un hombre) para evitar que sus ex parejas se acercasen a ellas. En cinco de los casos, había habido denuncia incluso por agresiones sexuales. El pasado año por las mismas fechas los agentes habían velado por 39 víctimas.
También han aumentado, aunque en una menor proporción, las denuncias. En los nueve primeros meses de 2007, la Guardia Urbana había registrado 80, la mayoría por delitos de violencia física y/o psíquica habitual en el seno familiar. A finales de septiembre de este ejercicio había ya 89. Llama la atención que seis de estas denuncias han sido puestas por padres acosados por sus hijos, el doble que en el mismo periodo del pasado año.
Sin perfil concreto
Y es que el perfil de la persona que que pide auxilio al grupo especial de la Policía es tan variado que «no existe», señala Maya Resa. «Aquí vienen menores y ancianas, inmigrantes y españolas, con carreras y sin estudios, personas sin papeles y empresarias...», agrega la agente, que en estos tres años ha atendido a «cientos» de víctimas.
Los responsables del grupo de ayuda han tratado con niñas de 16 años cuyas madres han visto que algo en su relación de pareja andaba torcido y con señoras mayores que en un momento dado deciden plantar cara a una situación que habían sufrido en silencio «siempre» y denunciar a su agresor. A todas les une, eso sí, el hecho de que la inmensa mayoría son del sexo femenino y su deseo de querer acabar con una vida que les está destrozando.
¿Cómo contactan con la unidad de Intervención en Violencia Familiar? Para Resa, el «boca a boca» es esencial. «Hemos conseguido que entre ellas hablen de nuestro trabajo o que lo conozcan a través de terceros y se acerquen a nosotras a pedirnos consejo para resolver su situación. No siempre acaba todo en denuncia. A veces, hablando con la pareja, logramos reconducir algunas situaciones», indica Maya Resa.
Colaboración ciudadana
Otra de las maneras de contactar con familias en apuros es a través de las patrullas policiales, que son muchas veces testigos directos de una agresión en plena calle. En los últimos tiempos, empieza a ser «importante» la colaboración ciudadana. Los vecinos han dejado de mirar hacia otro lado y cuando saben que en la pared contigua de su casa hay un caso de maltrato dan la voz de alarma.
En todos los casos, aclara la agente, el proceso a seguir requiere de un gran tacto. «No podemos atender la llamada de un vecino, plantarnos en el piso de la afectada y soltarle eso de 'sabemos que le maltratan' porque se sentiría invadida». Las policías investigan, tantean el terreno, se valen de familiares y de lo que haga falta para acercarse a la víctima. Cada caso, todos ellos duros, es tratado como «único».
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