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Economía

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Zapatero busca el respaldo de Obama y McCain para participar en la cumbre
Rodríguez Zapatero inició ayer su viaje a China. / EFE
José Luis Rodríguez Zapatero ha llamado a todas las puertas para lograr un puesto en la cumbre de Washington, excepto a la de George W. Bush. La diplomacia española ha recabado el apoyo de los equipos de campaña de los candidatos republicano y demócrata a la presidencia de EE UU, John McCain y Barack Obama, y ha hecho gestiones «a todos los niveles» con la Casa Blanca, excepto en el Despacho Oval. Según fuentes del Gobierno, no ha habido intento alguno de ponerse en contacto con el anfitrión del encuentro que abordará el 15 de noviembre la reforma del sistema capitalista porque el mandatario estadounidense siempre ha castigado a Zapatero con su indiferencia.
En cuatro años y medio de gobierno socialista, el presidente no ha logrado concertar una sola entrevista con Bush. Éste ni siquiera respondió a su llamada cuando Zapatero intentó felicitarle por su reelección. En cambio, el mandatario estadounidense sí telefoneó en marzo de este año para dar la enhorabuena al líder socialista por su victoria en las generales.
Nada que ver, en todo caso, con la sintonía que mantenían Bush y José María Aznar, que junto a los contactos y afinidades que tiene el PP al otro lado del Atlántico podría contribuir a 'engrasar' la situación. El Ejecutivo lo sabe, pero no pedirá ayuda a los populares porque considera que tendría que salir de ellos. Y Mariano Rajoy, de momento, no mueve ficha. Sí se dice dispuesto a arrimar el hombro, pero lamenta que el Gobierno no se lo pida y aprovecha para reprobar a Zapatero sus «frivolidades» en política exterior, en las que a su juicio está el origen de lo que ahora ocurre. «El que siembra vientos, recoge tempestades», sentenció.
Una máxima que pareció no tener en cuenta ayer el ministro Miguel Sebastián, de viaje oficial en China. El responsable de Industria volvió a meter el dedo en el ojo a la administración Bush, al vincularla directamente con la crisis financiera internacional y afirmar que una vez que se produzca el cambio de gobierno, la situación económica mejorará. «Ya sólo quedan trece días de Bush, y trece días pasan rápido», se felicitó Sebastián.
Cita el 7 de noviembre
El Ejecutivo niega de forma oficial que la mala relación personal entre el presidente español y el de Estados Unidos tenga que ver con el hecho de que, de momento, España no haya sido invitada a la cumbre. Sostienen que se trata de puro convencionalismo: el G20, la fórmula que ha elegido la administración Bush, es un directorio ya constituido y más fácil de convocar que un listado de países de nueva elaboración, que es lo que reclama el jefe del Ejecutivo español.
Fuentes del Ministerio de Exteriores admiten, no obstante, que «todo apunta» a que es el presidente estadounidense quien no está dispuesto a dar su brazo a torcer para permitir que el hombre que hizo de la retirada de tropas de Irak su primera acción de Gobierno se siente ahora a la mesa para la «refundación del capitalismo». Llegan a esta conclusión, sobre todo, porque Rodríguez Zapatero cuenta con el apoyo explícito de mandatarios de peso como el primer ministro británico, Gordon Brown, o el presidente francés, Nicolas Sarkozy. Y, de momento, no ha servido de nada.
El presidente del Gobierno parece convencido de que seguir recabando apoyos de líderes internacionales para que intercedan ante Bush es ya su única salida. Con ese objetivo partió ayer rumbo a China en un viaje relámpago. Lo decidió el martes, al comprobar que si no hubiera llamado personalmente a Sarkozy, éste nunca habría defendido su presencia en Washington. En principio, era la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega quien iba a asistir a la cumbre Unión Europea-Asia que se celebra en Pekín este fin de semana.
Rodríguez Zapatero tiene ya concertada una entrevista con el presidente chino, Hu Jintao, que sí forma parte del G20. Según reconocen fuentes de La Moncloa, buscará además la complicidad de otros jefes de Estado o de Gobierno que también acuden a esta cita, como Japón, Corea del Sur, Pakistán o India. Y la semana que viene, cuando viaje a El Salvador para asistir a la Cumbre Iberoamericana, hará lo propio con México y Brasil.
A España no le basta el ofrecimiento de EE UU de exponer sus ideas a través de alguno de los dirigentes que sí están invitados. Quiere «hablar en primera persona», insisten desde Moncloa. Por de pronto, Nicolas Sarkozy convocó ayer, como presidente de turno de la UE, una reunión extraordinaria de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión el 7 de noviembre para preparar el encuentro de Washington y conseguir que «Europa hable con una sola voz y pueda hacerse oír».
La lucha del jefe del Ejecutivo por estar en Washington no sólo tiene que ver con la defensa de España. Rodríguez Zapatero busca oxígeno en el panorama internacional. En el Gobierno y en el PSOE tienen muy presente que es necesario apuntalar la imagen de hombre resolutivo que, aseguran, ha comenzado a fraguarse en las últimas semanas. El presidente está decidido a pelear por ganar un espacio que, a juicio de sus estrategas, pondría la guinda a lo que consideran su mejor maniobra desde que ganó las elecciones: las gestiones para aprobar las ayudas a la banca, su éxito al lograr una reunión del Eurogrupo que dio el aval a las medidas y el respaldo, casi unánime, de las fuerzas parlamentarias.
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