«Nos reafirmamos en lo que dijimos ayer», dijo en nombre de la Casa Blanca Benjamin Chang cuando EL CORREO le transmitió los esfuerzos de José Luis Rodríguez Zapatero para ser invitado a la cumbre financiera del G20. «Las invitaciones ya han sido enviadas y nosotros hemos deletreado nuestra postura».
Por si quedaran dudas, Chang remitió a este periódico la transcripción de las declaraciones que hiciera la víspera el portavoz Tony Fratto, en las que citaba a «media docena o una docena» de países que podrían argumentar la necesidad de que fueran invitados, y animaba a España a exponer sus ideas a través de la representación de la Unión Europea o en contactos bilaterales. «Nuestra postura no ha cambiado», remachó Chang.
España, ciertamente, no es el único país ofendido -Egipto, por ejemplo, ha clamado alto- pero ninguno está entre las primeras 15 economías del mundo -España es la octava-. El gobierno español dice haber establecido contactos a todos los niveles para lograr que se corrija la ofensa, incluyendo las campañas de los dos candidatos presidenciales que se disputan suceder a George W. Bush en el gobierno de EE UU.
No es secreto alguno que la posición ideológica del Gobierno español es más cercana a la del demócrata Barack Obama, que incluso ha criticado severamente a su rival John McCain por no estar dispuesto a recibir a Zapatero en la Casa Blanca si gana las elecciones. En su primer careo televisivo Obama expuso el caso español como un ejemplo de la falta de carácter diplomático de su rival republicano, al igual que hiciera después su vicepresidente Joe Biden en el único debate que sostuvo con Sarah Palin. Ambos recordaron que España es un aliado estadounidense con tropas en países como Afganistán y miembro de la OTAN.
Con todo, la campaña de Obama no respondió ayer a las preguntas de este diario sobre si apoya la presencia de España en la cumbre. Fuentes de la candidatura indicaron que resultaría «prepotente» por parte del candidato hablar de algo que sólo ocurrirá si gana las elecciones.
Aunque el senador de Chicago le ha dado la bienvenida a la idea, los analistas dudan de que sea conveniente para el nuevo presidente comprometerse con esa foto a los acuerdos que firme George W. Bush poco antes de abandonar el poder. Algo que podría incluso torpedear el éxito de la cumbre a la que se ha resistido Bush y que tanto ha buscado Nicolas Sarkozy.