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Sociedad

23.10.08 -

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El primer juicio por acoso inmobiliario que se celebra en Euskadi se ha convertido en algunos momentos en una sesión de fontanería. Las preguntas de los abogados se refieren una y otra vez a las tuberías. Parece que la clave para demostrar si el hostelero cedió el piso a la familia de indigentes por caridad, como ha declarado él, o si lo hizo de 'mala leche' está en el estado de la bajante de aguas fecales.
De hecho, la defensa del acusado de 'mobbing', que ejerce el abogado Javier Beramendi, intenta demostrar que las inundaciones se produjeron por el mal estado de los conductos de una casa muy antigua en la que no se realizaban obras desde hacía lustros. Los interrogatorios a los hojalateros y peritos tratan de descubrir si las cañerías perdían agua y restos fecales porque habían sido rotas intencionadamente o por el deterioro del paso del tiempo. Vamos, si alguien las rompió adrede o hizo agujeros en el suelo del baño del piso del clan gitano para inundar a los vecinos de abajo. «¿En qué estado se encontraban las tuberías?», «¿Las bajantes estaban podridas?», «¿Vio un agujero en el suelo del piso de la familia gitana?», interrogaban ayer los letrados a un fontanero, a los peritos e incluso a los denunciantes del acoso.
El letrado Beramendi también apoya su defensa en demostrar que en las escrituras no figura que el jardín que usaban desde hacía lustros los vecinos del bajo, y que tenían vallado, sea de su propiedad, sino de uso comunitario. Cuando varios miembros del clan gitano accedieron por la noche con sus furgonetas a ese jardín, después de saltar la valla y romper un candado -uno de los episodios que más asustó a los vecinos-, dijeron que su casero, el empresario acusado de 'mobbing', les había informado de que era terreno comunitario y que podían entrar.
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