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Economía

23.10.08 -

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Nicolas Sarkozy acogió ayer favorablemente la convocatoria de la cumbre de Washington, a la que no está invitada España, sólo tres horas después de haber prometido que intercedería ante la Casa Blanca a favor de la asistencia de José Luis Rodríguez Zapatero. La aparente paradoja plasma los equilibrios diplomáticos a los que se ve abocado el mandatario francés y presidente de turno de la UE para sacar adelante una idea de la que se arroga la iniciativa sin descontentar a sus aliados españoles.
En un comunicado difundido al filo de las cinco de la tarde, Sarkozy saludó el anuncio hecho poco antes por la Casa Blanca de la celebración el 15 de noviembre de «una cumbre de los principales países e instituciones concernidos por la crisis financiera». Esta redacción reducía a papel mojado la «convicción» expresada por el presidente francés en una nota emitida minutos antes de las 14 horas de que «España tenía todo su lugar en la próxima cumbre financiera internacional, habida cuenta de su peso en la economía mundial (8º PIB)», es decir, octava potencia por su Producto Interior Bruto.
Este primer texto oficial se hacía eco, con 21 horas de retraso, del contenido de la conversación telefónica mantenida la víspera por Sarkozy con Zapatero, casi de inmediato desvelada por el presidente español. Tras mostrar el convencimiento sobre la legitimidad de la presencia de su interlocutor en la cúspide decisoria, el jefe del Estado francés se comprometía a defender «la causa de la participación de España ante los anfitriones estadounidenses de la cumbre».
En el segundo comunicado, con la cita ya convocada sin España, la presidencia francesa pareció dejar una puerta abierta a las aspiraciones de Madrid al subrayar que a la cumbre inicial del 15 de noviembre «le seguirán otras varias». El objetivo de esta serie de reuniones a los máximos niveles consistirá en «refundar el sistema financiero internacional y, a través de una mejor regulación y una vigilancia más eficaz de todos los operadores, garantizar que la crisis no se volverá a producir».
Mientras tanto, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, se declaró «encantado» si España participa en la cumbre «porque por su dimensión económica y financiera tiene todas las condiciones para participar» en la reunión, si bien matizó que «la responsabilidad» de invitar es de quien la organiza.
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