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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Economía

CRISIS ECONÓMICA MUNDIAL

El presidente de turno de la UE había limitado las invitaciones al G8 y los países emergentes

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Zapatero presiona a Sarkozy para participar en la cumbre de refundación del capitalismo
Sarkozy y Zapatero mantuvieron una conversación en la tarde de ayer. / AP
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, arrancó ayer al jefe del Estado francés, Nicolas Sarkozy, una predisposición favorable a la presencia de España en la cumbre mundial que el inquilino del Elíseo preconiza para la refundación del capitalismo. Horas antes el mandatario galo, como presidente de turno de la UE, había cerrado la puerta a la participación española al limitar la lista de invitados a los miembros del G8 y a las principales economías emergentes agrupadas en el G5 (México, Brasil, China, India y Sudáfrica). «España es un gran país, pero no me corresponde a mí decidir», se justificó en Estrasburgo, donde presentó ante el Parlamento Europeo los resultados del Consejo de Bruselas.
El nuevo portazo de Sarkozy, apenas dos semanas después del malestar causado por la convocatoria excluyente del G4 en París, puso a prueba la capacidad de reacción de la diplomacia española entre los sarcasmos de la oposición en pleno debate parlamentario de los Presupuestos. Los contactos con París fructificaron a última hora de la tarde cuando Rodríguez Zapatero compareció en el Congreso para puntualizar que Sarkozy le acababa de asegurar por teléfono que es «absolutamente sensible y comprensivo» a la conveniencia de que España participe en la cumbre que revisará el sistema financiero.
«Seguro que Sarkozy hará bien su trabajo y España estará en la cumbre», declaró con su proverbial optimismo el presidente español, quien anunció que «hemos quedado en seguir hablando». Zapatero dijo haber intercambiado opiniones con Sarkozy sobre el formato adecuado de la reunión, aún pendiente de ser fijado, e incluso sugirió a su interlocutor la conveniencia de incluir a un país árabe. Pero admitió que el presidente francés le comentó que él no organizó el G8 ni sus normas internas, como había señalado por la mañana en Estrasburgo. En cualquier caso, resumió Zapatero, «la octava potencia del mundo no puede estar callada», máxime cuando puede aportar «la regulación, la supervisión y la institución que mejor resultado ha dado hasta ahora» para encarar un terremoto que en el resto del mundo ha propiciado la caída de «colosos» y en España no ha tumbado ni a «la caja más pequeña».
«No hay batalla que se gane si no se empieza», proclamó un Rodríguez Zapatero que ha visto en esta crisis la oportunidad de lograr una proyección internacional de la que hasta ahora ha carecido. Fuentes del Ejecutivo español reconocen que el presidente intenta reforzar su imagen y neutralizar el desgaste por los malos datos económicos, alentado por su «éxito» en la reunión del 12 de octubre en París con los líderes de la zona euro, según informa Paula de las Heras. Mientras juega sus bazas, Mariano Rajoy insistió ayer que «no sería bueno» que España no vaya a la cumbre.
Viaje a China
En su discurso ante la Eurocámara, Sarkozy argumentó que «lo más simple» es que la lista de invitados esté formada por «el G8, que es incontestable, naturalmente con los rusos, al que convendría añadir al G5 porque permitirá incorporar sobre todo a India y China a este debate esencial». Además, anunció que aprovecharía su próximo viaje a China con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, para convencer a los gobiernos asiáticos de que asistan a esta cumbre. Zapatero también participará en el encuentro UE-Asia los días 24 y 25 en Pekín.
En la alocución a los parlamentarios, el presidente de la UE hasta final de año aclaró que al organizar a comienzos de mes en París la reunión de los líderes europeos del G8 (Francia, Alemania, Italia y Reino Unido) «no queríamos insultar a nadie». «Creíamos que si conseguíamos que esos cuatro países se pusieran de acuerdo no iría en detrimento del resto», explicó en alusión a las críticas por haber dejado fuera a España y a otros países.
Más tarde, en rueda de prensa, Sarkozy resaltó el «papel considerable» desempeñado por Zapatero en la respuesta de la UE a la crisis, ya que «fue él quien propuso la reunión del Eurogrupo» de la que salió el plan de rescate bancario conjunto, que cifró en 1,8 billones de euros. «No soy yo quien decide los miembros del G8, me he encontrado con esta situación», alegó tras insinuar que invitar a España «planteará también el problema de Polonia y sus 38 millones de habitantes».
«Hacerse oír»
El presidente francés confirmó que antes de la conferencia internacional convocará una reunión de los líderes europeos para prepararla y lograr que la UE «hable con una sola voz y pueda hacerse oír». «Europa debe llevar la idea de una refundación del capitalismo y de una nueva reglamentación», había insistido en el hemiciclo a lomos de un caballo de batalla que no cuestiona la economía de mercado. A su juicio, hay que garantizar que todas las instituciones financieras estén reguladas, que las remuneraciones de los ejecutivos no incentiven una asunción de riesgos irresponsable y que las reglas de contabilidad de los bancos no agraven la situación.
Sarkozy juzgó que, después de la crisis financiera, «no es posible que la zona euro continúe sin un gobierno económico claramente identificado». «Ese gobierno debe ser a nivel de jefes de Estado, los únicos con la legitimidad democrática necesaria», arguyó. También propuso que los Veintisiete creen sus propios fondos soberanos con vocación de coordinarse para aportar una respuesta industrial y evitar que empresas estratégicas caigan en manos extranjeras. «Las bolsas se encuentran en un nivel históricamente bajo. No me gustaría que los europeos dentro de unos meses se despierten descubriendo que las compañías pertenecen a capitales no europeos que hayan comprado al precio más bajo en las bolsas y que se queden con la propiedad». En la misma línea, abogó por poner en marcha un plan de asistencia al sector automovilístico europeo similar al de EE UU, que va avalar préstamos privados a bajo interés para General Motors, Ford y Chrysler.
Las propuestas de Sarkozy recibieron el respaldo de Durao Barroso, que pidió «matar dos pájaros de un tiro»: ayudar a la industria a superar la crisis e impulsar un modelo que combata el cambio climático.
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