Todo aparecía demasiado formal, como una junta de accionistas o una reunión de partido. Pero de pronto aparecieron los artistas, con su verbo irónico y su llamada a la 'poesía de la acción', y la solemnidad se tornó emoción.
El acto celebrado en la tarde de ayer en el Palacio de Miramar de San Sebastián, promovido por el Gobierno vasco para conmemorar el centenario de Jorge Oteiza, se convirtió en una evocación emotiva, cargada de humor y reflexión, gracias a las palabras de viejos amigos del escultor como Néstor Basterretxea o Ricardo Ugarte. Hasta el lehendakari Ibarretxe, que presidió la celebración, se contagió de ese espíritu al recordar la última vez que estuvo con Oteiza, en la casa del artista en Zarautz. «Me siento feliz porque estoy a punto de hacerme invisible», dijo el escultor al lehendakari. Poco después de murió.
El marco del homenaje tampoco estaba exento de simbolismo: el salón del Palacio de Miramar denominado Julio Caro Baroja, otro nombre de peso que fue compañero de Oteiza en algunos momentos de su trayectoria. Entre los asistentes, además de las autoridades y representantes institucionales, podía verse a numerosos artistas, de José Ramón Anda a Jesús Mari Lazkano pasando por Dora Salazar; familiares y amigos del escultor como Ana María Marín.
La escenografía fue austera, iluminada por un par de videos que recogían las palabras del creador en diversas grabaciones, y con una banda sonora cargada de evocación: el veterano grupo Oskarbi «reaparecía» para cantar viejas canciones de los años 60, imbuidas por el espíritu de Oteiza o con letras suyas, directamente. Entre los cantantes del grupo, Carlos Ruiz, hoy alto cargo de Kutxa.
La consejera de Cultura Miren Azkarate abrió las intervenciones recordando la vigencia del escultor. «Las ondas sísmicas del terremoto cultural que fue Oteiza aún se sienten en el País Vasco de hoy», dijo.
El ateo vasco
P ero fue con Basterretxea, viejo amigo y compañero del artista de Orio, cuando la emoción subió enteros. Basterretxea recordó que Itziar Carreño, esposa de Oteiza, le leía en la cama historias de Mortadelo y Filemón hasta que se dormía. «Era capaz de defender una tesis y convencerte de la contraria», recordó Basterretxea entre sonrisas. «Cuando me preguntaban 'qué tal está Jorge' yo respondía: '¿A qué hora?' Porque en un solo día pasaba por todos los estados de ánimo». Basterretxea conoció a Oteiza en 1948 en Buenos AiIres, luego vivió con él la epopeya de Arantzazu «hasta que el obispo Font Andreu nos echó de malas maneras».
El periodista y escritor Hasier Etxeberria aportó su anécdota: «Una vez Jorge me preguntó cómo diferenciaría un ateo vasco de uno no vasco. ¡Es muy fácil!, me explicó. Les llevas a un frontón, y el que se emociona a la hora del Angelus, ese es el ateo vasco».