M cCain y Obama llevaban desde el verano intentado arrimar a su sardina el ascua de Colin Powell, uno de los militares y hombres de Estado más prestigiosos de EE UU, calificado con sorprendente unanimidad como íntegro, recto, modesto, moderado y eficaz. El septuagenario general de cuatro estrellas hoy retirado, que logró fama mundial por la rápida y decisiva operación 'Tormenta del Desierto' durante la Guerra del Golfo de 1991, ha terminado por ofrecer su apoyo al senador demócrata por Illinois, al sentir que estaban en juego los intereses vitales de su país. Quien fuera mano derecha de las tres últimas administraciones republicanas está seguro de que con su gesto la derrota del primer candidato afroamericano a la Casa Blanca es ya imposible.
El resultado del respaldo a Obama protagonizado por este hijo de campesinos jamaicanos supone la puntilla para un McCain a quien los últimos sondeos presentan como claro perdedor. Terminará de volcar hacia los demócratas el voto de la totalidad de los estadounidenses más desfavorecidos, y no sólo de los afroamericanos, al evocar que quien llegó a presidente del Estado Mayor Conjunto en 1989, con tan sólo 52 años, y a secretario de Estado en 2001, fue, además del primer ciudadano negro en alcanzar estas metas, un muchacho humilde criado entre Harlem y el Bronx. Y para las élites intelectuales que todavía pudieran cuestionar las capacidades de Obama, el apoyo del carismático general, máximo experto en temas de seguridad nacional y política exterior, viene a despejar cualquier duda sobre la necesidad que tiene el país de reformar completamente sus aproximaciones en ese terreno si aspira a seguir conservando y potenciar su liderazgo mundial.
La estrategia de Powell está llamada a otorgar la victoria política a su nuevo aliado. Ha sido un golpe único, pero enérgico y definitivo. Pocos serán los que vean en él un traidor a los republicanos. Por encima de cualquier consideración, este oficial, pragmático por excelencia, lo ha hecho siempre todo por su patria. Y ahora, su proverbial visión estratégica integral le ha indicado que el hombre que EE UU necesita para regir sus destinos es Barack Obama, cuyas nuevas ideas y fórmulas Powell interpreta como las únicas viables para sacar a la superpotencia del descrédito mundial en que se halla sumida.