Al medio centenar de socios del club Vitoria de aeromodelismo les han dado alas. Y es que, tras pasar durante años y años por Salburua, Miñano o Aríñez, por fin tienen «un emplazamiento maravilloso, donde se puede volar sin molestar a nadie», señalaba ayer el presidente del colectivo, Javier Sáez de Ibarra.
Mientras sonaban motores de aviones y helicópteros manejados con pericia desde emisoras de radiocontrol, Sáez de Ibarra explicaba a pie de pista, en Hueto Abajo, las obras que han realizado. A partir de un terreno de unos 50.000 metros cuadrados, que les ha conseguido el Ayuntamiento vitoriano, han sembrado césped sobre la superficie plana de despegue y aterrizaje «porque con la hierba se integra en el paisaje». La preocupación ecológica les ha llevado también a plantar unos pequeños árboles, a emplear piedras compactadas en lugar de asfalto en la zona de aparcamiento o a diseñar un sistema de mesas y tejavanas «que van atornilladas: todo se puede quitar».
Las aeronaves, con envergaduras que van «desde los 700 milímetros hasta una 'cigüeña' de cuatro metros», surcan el cielo con diferentes figuras. Una de ellas es «el torque», que consiste en contrarrestar el peso del avión con un impulso del motor, en vertical, de forma que la maqueta voladora queda suspendida en el aire. Un centenar de aficionados admira con sana envidia cómo pilota Jon Caldito, un vitoriano de 16 años que ganó en septiembre la Serie Internacional del campeonato de España. Lo mismo hace ese 'torque' con el timón a diez centímetros del suelo que realiza una pasada a cuchillo o vuela cabeza abajo con su nave de tres metros, motor de 180 centímetros cúbicos y 18,5 kilos de peso. «Es impresionante», admira Sáez de Ibarra, que construyó su primer avión con 14 años «y ahora tengo 48».
De otros clubes
Caldito se ha pasado la vida entre maquetas y las ha hecho despegar desde los 10 años. «Hace ya tiempo que me ha superado», confiesa con orgullo su padre, José Luis, que también ha hecho las funciones de «instructor, mecánico y ayudante» del joven piloto. Tanto su club como él quieren que Jon vaya al campeonato mundial en la República Checa, «pero somos un club modesto y no podemos correr con los gastos, así que estamos buscando patrocinador, que podría ser hasta el propio Ayuntamiento y llevar así el nombre de Vitoria en el avión», comenta Sáez de Ibarra.
Compañeros de otras agrupaciones, incluso de Logroño, se han desplazado para volar con uno de los tres clubes que hay en la capital alavesa. «Uno tiene una pista en Arcaya, mientras que el otro carece de ella, y suelen volar en Olárizu», sobre todo veleros, precisa el presidente.
Pero no todo van a ser aviones. Si no, que se lo digan a Iosu Otxoa, un fanático de los helicópteros. «Con un avión te puedes estancar, pero aquí estás obligado a aprender constantemente», distingue junto al fruto de un año de trabajo: una aeronave con turbina, cuatro litros de keroseno, giroscopio y doble escape de titanio. Y tiene dos más en proyecto. Su aterrizaje es inminente.