El Alavés rompió ayer en cascada después de sufrir durante 60 minutos y obligarse a la segunda remontada consecutiva en Mendizorroza. Cuando Javi Guerra abrió la grieta del empate en el resistente dique murcianista y el temido colegiado Hevia Obras colaboró con una segunda tarjeta rigurosa al lateral Lillo, el cuadro albiazul se derramó violentamente en goles, tres en apenas siete minutos, con la eficacia, brillantez y contundencia de un grande. Testarazo impecable de Pedraza para el 2-1 y antológico zurdazo de Emilio Sánchez, ayer sostén junto a Toni Moral, autor del cuarto, de un equipo que padeció durante una hora el ceñido corsé abrochado por el conjunto de Clemente. El mismo que después saltaría por los aires cuando el cuadro albiazul respiró con fuerza para no dejar costura indemne.
Tras el sacrificado, tedioso y afortunado empate en Salamanca en el arranque liguero, el Alavés se ha convertido en un agitador de partidos en Segunda. Bien por fallos, como sucedió en Anoeta o Zaragoza, por fútbol y ocasiones creadas en casa o por el nivel de aciertos, como ayer, sus partidos se estiran con la evidencia de que siempre sucederá algo. Es para tener fe en este equipo que de una tarde tan plana como la vivida durante mucho tiempo ante el Murcia se rescatase nada menos que una goleada. Sin duda, futbolistas como Emilio Sánchez o Javi Guerra aportan dinamismo y calidad a un ataque que puede resolver de muchas maneras.
Control visitante y gol
Los equipos de Clemente siempre han tenido un primer objetivo básico. Controlar al adversario. Desde esa perspectiva, poco puede reprochársele al Murcia, que además picó con Alavés a balón parado gracias al tanto de Despotovic. Con una línea de cinco centrocampistas -Aquino ejerció como tal-, el cuadro visitante anudó la línea de creación albiazul y convirtió el duelo en una caza de errores y contragolpes. A la búsqueda del fallo se encomendó la escuadra visitante, que presionó con afán la salida del balón de la zaga albiazul y frenó en seco el otras veces alegre fútbol alavesista de toque.
La baja de Garitano había alumbrado un Alavés teóricamente más ofensivo -casi 4-4-2- y virtualmente condenado a las escaramuzas de sus hombres más ofensivos, que casi nunca lograron recibir en ventaja. Sólo la insistencia de Emilio Sánchez y la habilidad de Toni Moral complicaba al rival entre líneas. Igor se quedó en un remate inicial peligroso. Moreno, en casi nada, y Javi Guerra, aislado. El Murcia cortaba cualquier tipo de conexión entre líneas y obligaba casi siempre al pelotazo alavesista desde la zaga. A cambio, la escuadra de Clemente tiraba de verticalidad para probar a Bernardo, que al error claro en el tanto sumó antes dos paradas de mucho mérito.
Revolución ante diez
Como sucedió ante Las Palmas, el Alavés se sacó un gol de la chistera en sus peores momentos, cuando la desorientación tras el 0-1 amenazaba ruina. Indulgente Hevia Obras, que pasó por alto un posible juego peligroso de Toni Moral tras una chilena fallida, y oportunismo de Javi Guerra para cazar un remate raso. El colegiado reclamó después su protagonismo. Primero con una expulsión rigurosa de Lillo por doble cartulina y después, en pleno arrepentimiento, dejando pasar por alto un clamoroso penalti de Peña sobre Igor.
Pero el partido quedó definitivamente quebrado y ya en superioridad numérica el Alavés, con Cabrera y Pedraza sobre el césped y Astudillo de improvisado central -Salmerón volvió a sustituir a Mateo- gozó plenamente de la revolución. Emergió Emilio Sánchez, que junto a Cabrera formó un medio centro ilusionante, y activó un ataque inteligente -toque y más toque- ante un rival que sólo pudo ya correr tras la pelota.
El 2-1 llegó a balón parado en un cabezazo inapelable de Pedraza y el Murcia se rindió a la evidencia cuando Emilio Sánchez conectó uno de esos disparos secos y ajustados con los que sueña cualquier futbolista. Fabuloso zurdazo que pareció rescatado de la Liga alemana: para el catálogo de los mejores goles de larga distancia en la historia de Mendizorroza.
Soluciones de lujo, en definitiva, a la hora de convertir un duelo muy espinoso en una fiesta del gol. El Alavés creció de nuevo al sobreponerse a la adversidad y aumenta su crédito a la espera de progresar como visitante.