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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Cultura

CULTURA

Dueños de lo que quieren: museos de firma, islas artificiales, equipos de fútbol

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La crisis no afecta a todo el mundo por igual y hay incluso quien ni la nota. Es el caso de los jeques árabes, avispados como nadie a la hora de sobreponerse a las tormentas. A cada desplome bursátil le sigue una compra sufragada por algún fondo soberano de Abu Dhabi o de Dubai. Y los emires no tienen preferencias sectoriales. Lo mismo da un equipo de fútbol, que salvar bancos en apuros -a finales de 2007, el gigante Citygroup se libró del jaque de las 'subprime' con más de 5.000 millones de euros llegados desde el Golfo Pérsico. Ahora, casi el 5% de la entidad pertenece a los jeques-. Tampoco le hacen ascos a la industria cinematográfica; durante el próximo lustro de Hollywood saldrán ocho películas al año producidas con dinero emiratí. Unos 700 millones en conjunto.
Estamos en el país de las mil y una noches bautizado como Emiratos Árabes Unidos, una alianza de siete ex protectorados británicos del Golfo (Abu Dhabi, Ajmán, Dubai, Fujaira, Ras el Jaima, Sarja y Um el Kaiwain) donde no se han celebrado nunca unas elecciones desde su constitución en 1971. A sus nacionales tampoco les importa demasiado; Abu Dhabi y Dubai, los más ricos y poblados, disfrutan de una renta per cápita que supera los 52.000 euros (la española es de 22.000). En estas dos ciudades viven 1,8 y 1,6 de los cuatro millones y medio de habitantes que censa la Federación. De ellos, sólo el 19% ha nacido allí, el 23% son inmigrantes de origen árabe e iraní, el 50% proceden del sur de Asia y el restante 8% está compuesto por inmigrantes de otras etnias, en especial profesionales occidentales de cuello blanco.
Convertido en un país casi de cuento que vive una de las transformaciones más sorprendentes de la historia encarrilada a base de talonario, sus lugareños todavía recuerdan que fue en 1961 cuando se asfaltó el primer camino. «Nuestro objetivo es hacer de la nación un centro líder en la creación cultural», apunta Edward Borgerding, director ejecutivo del ente público que gestiona las relaciones públicas del emirato.
No es ningún secreto que el petróleo se acaba, así que están decididos a encontrar fuentes alternativas para evitar que sus economías se apaguen cuando el oro negro deje de brotar del suelo. Abu Dhabi, la capital del país, y Dubai, la ciudad más espectacular, ven alzarse por doquier hoteles de seis estrellas, rascacielos estratosféricos, museos de renombre firmados por los arquitectos más deseados, megacentros comerciales de estética posmodernista, islas artificiales en las que construirse una mansión... A estas alturas, son muy pocos los que no han oído hablar de 'The World', el archipiélago artificial con forma de mapamundi proyectado frente a Dubai y en el que cada isla representa un territorio diferente. Quien busque casa puede comprar una por menos de 30 millones. De euros eso sí. El ex piloto Michael Schumacher ya ha puesto el buzón en la suya.
Problemas laborales
Con la misma tecnología, copiada de la que utilizan los holandeses para ganarle terreno al Mar del Norte, y en la misma costa se encuentra 'The Palm', una megaestructura flotante con forma de palmera. Allí han reservado un atraque para el lujoso 'Queen Elizabeth 2', que jubilado tras décadas de travesías se va a transformar en un hotel. Sólo necesita una reforma de 300 millones de euros.
Lástima que se estén destruyendo los arrecifes de coral y, aunque el Gobierno hable poco de ello, también se han destapado los primeros escándalos urbanísticos: operaciones poco claras en las que algunos promotores se han enriquecido en demasía. Otro de los lunares hace referencia a las condiciones de semiesclavitud que soportan los trabajadores extranjeros. La mano de obra siempre es inmigrante y, al carecer de la nacionalidad, también les escasean los derechos laborales. Ellos prefieren ser esclavos entre calles de oro, que mendigos en los barrios de Bombay. Además, algún día, quizá sus descendientes conseguirán el ansiado pasaporte que les permita vivir, literalmente, a cuerpo de rey.
Desactivada la lucha de clases, los monarcas absolutos que gobiernan el país están más preocupados en conseguir un caladero de multimillonarios del que poder sacar los ingresos que les libren de tener que volver a ganarse la vida comerciando con camellos, como hacían antes de descubrir los pozos que ahora se comienzan a secar. Aun así, el 9,2% de las reservas conocidas de petróleo se encuentran bajo su suelo. Sobre él ruedan sobre todo potentes todoterrenos que disparan la tasa de contaminación por habitante muy por encima del nivel que padece EE UU. Además tienen un problema demográfico. Su censo crece un 7% anual, con lo que la capital sobrepasará los 3,4 millones de vecinos en 2015.
Así que los faraónicos proyectos para transformar el que fuera un agrícola protectorado británico en el desierto en el principal reclamo del turismo de lujo de las próximas décadas reponden también a la necesidad. Sin embargo, ¿por qué vecinos como Arabia Saudí, tan ricos o más que EUA, ni se plantean imitarles? «Por su estructura social», responde el historiador Juan José Sánchez Arreseigor, experto en el mundo árabe. «En una agencia de viajes nunca venderán unas vacaciones a Riad o a Jedah. El turismo es ilegal, no está prohibido, pero son tantos los requisitos que no es factible». El teocratismo que defiende el rey Abdullah es contrario a la apertura que significaría aceptar a millones de extranjeros cada verano y como sus pozos tienen caudal suficiente para más de un siglo, la falta de recursos no les preocupa. «Pensemos un poco en nuestra propia historia», añade Arreseigor. «Durante nuestra industrialización, allí donde se abría una fábrica la fuerza del carlismo desaparecía en poco tiempo. En Arabia Saudí temen que suceda lo mismo».
La modernización de Emiratos, una sociedad relativamente abierta donde las mujeres no tienen que esconder sus rostros y pueden conducir, está sobre todo plasmada en planos y maquetas. «Es un proyecto a 20 o 30 años», señalan los funcionarios del TDIC (la compañía abudabí responsable del desarrollo y las inversiones turísticas) y no falta quien está convencido de que esta fiebre constructiva se debe únicamente a los delirios de grandeza del Khalifa bin Zayed al Nahayan (su fortuna personal se estima en 14.000 millones de euros).
Louvre y Guggenheim
Sin embargo, el calado de las obras, que incluyen nuevos centros de las principales pinacotecas del mundo, como el Louvre, el Guggenheim, y el impresionante Museo Nacional Sheik Zayed, encargado a Norman Foster, han convertido a la ciudad en firme candidata a sustituir a Nueva York como capital mundial de la Cultura. ¿Una exageración? Los responsables del cambio tienen muy claro que el arte puede influir en el desarrollo social y económico de una ciudad. «El éxito de Bilbao lo prueba», aseguran.
«No hay duda de que la cultura funciona como motor económico y seguro que todos acabaremos volando a Abu Dhabi para ver sus museos, pero intentar crear una capital mundial de la cultura choca con las posibilidades de comunicarnos e interactuar que brinda la modernidad», reflexiona Xabier Sáenz de Gorbea, profesor de Historia del Arte de la Universidad del País Vasco. «Me parece más una operación de prestigio social, de demostración de poder con la que se busca un beneficio económico más que cultural. A fin de cuentas, para ofrecer exposiciones de muchísimo nivel no es necesario contratar a los mejores arquitectos del mundo y firmar acuerdos con el Louvre y el Guggenheim», anota.
El aluvión de nuevos propósitos es tal que llega a marear y su envergadura hace muy complicado explicar con detalle los planes en marcha. Quizá el estandarte de la segunda modernización del país es la Isla de la Felicidad (Saadiyat Island). Su Distrito Cultura es el más conocido. En cuatro años deberían estar terminados cinco edificios, cada uno de los cuales en solitario podría variar la estética de una ciudad: el Louvre por Jean Nouvel, un Guggenheim por Ghery, una Ópera House por Zaha Hadid y un Museo Marítimo por Tadao Ando.
El otro gran constructor de EUA es Dubai. El 20% de las grúas de todo el mundo giran en las obras de allí. En su costa están los más altos rascacielos del planeta, la mayoría de ellos cuentan con puertos deportivos y centros comerciales más grandes que cualquier estadio de fútbol europeo en su zona ajardinada. Hace 15 días se anunciaban las obras de la 'Nakheel Harbour and Tower Proyect', que se alzará un kilómetro hacia el cielo. Lo más llamativo es que en 2000 sólo había tres rascacielos en la ciudad. El 'Burj', que rozaba los 300 metros, el 'Hyatt Regency' y el 'Etisalat 1', ambos de 100 metros justitos. Ahora se han visto relegados al puesto 150 y 151 en la carrera por alcanzar el cielo.
El impulso desarrollista no tiene límites y el corán no dice nada sobre la torre de Babel. Con la tecnología y los medios económicos necesarios, los jeques han conseguido hasta que crezca la hierba en el desierto, así que seguirán haciendo oídos sordos a las muchas trompetas que anuncian tiempos de recesión.
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