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Cultura

CULTURA

19.10.08 -

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¿Qué crisis?
Chus Lampreave y Penélope Cruz en 'Los abrazos rotos', la próxima película de Almodóvar.
Véase, si no, que mientras los presupuestos del ministerio de Cultura se congelan por orden superior, las subvenciones del programa cinematográfico pasan de 108 millones de euros a 124,20 millones. Un éxito financiero para el cine español, sí, aunque sus resultados no estén a la altura del sacrificio realizado por otras partidas de la cultura pública. Incluso, por mucho que los ingresos publicitarios de las televisiones públicas y privadas caigan por culpa de la fastidiosa crisis, nuestro cine va a seguir llevándose el 5% de sus cuentas de resultados. Y el caso es que la industria cinematográfica española continúa en manifiesta caída, ya que en los ocho primeros meses de este año solo ha logrado una cuota de espectadores del 11,85%, frente al 13,51% en el conjunto de 2007.
Además, también desciende en proporción la recaudación y el número de espectadores, si bien habrá que esperar a los estrenos de algunos consagrados directores antes de fin de año. Sea como fuera, una cosa es que se respalde necesariamente al cine español como expresión cultural y realidad industrial; y otra bien distinta que los supremos intereses de los productores de siempre se conviertan en la máxima prioridad de los presupuestos culturales, muy por encima de las artes escénicas y musicales, el libro, los museos y los archivos, al parecer materias insignificantes frente a la importancia política del cine.
GUGGENHEIM
Secretos a voces
A veces las cosas más sencillas se convierten por la mano del hombre en complejas e intrincadas. De eso se sabe mucho en el Museo Guggenheim Bilbao, ya que unas veces por errónea decisión política y otras por desacertada iniciativa de sus gestores se ha terminado por convertir en secreto casi de Estado lo que tenía que haber sido diáfano y cristalino. Pues bien, tradición manda, la cosa parece repetirse con el nuevo proyecto del Guggenheim Urdaibai, ya que se guarda inútilmente un secreto a voces sobre algo tan normal como la búsqueda del creador residente que vincule en el proyecto al arte vasco con el Urdaibai y la experimentación. Pues simplemente podría tratarse de Jesús Mari Lazkano, un creador oficialista, residente en Arteaga, defensor del proyecto y de probada solvencia y reputación artística, con el que ya se ha mantenido alguna conversación. Y otro tanto se puede decir de ese secretísimo «tema educativo de repercusión mundial», que no es otro que la idea lanzada por la Fundación Vizcaína Aguirre de aprovechar el prestigio internacional del Guggenheim Bilbao, en materia de innovación en la gestión museística, para convertir a nuestra ciudad, siempre en colaboración con la Universidad de Deusto, en sede de referencia global para estudiar esa materia. Evidentemente, uno desea no haber desvelado con lo anterior algún arcano que comprometa la seguridad mundial o la solvencia del sistema financiero internacional, sino únicamente un par de buenas ideas pensadas desde la Diputación de Vizcaya que, eso sí, merecen respeto, contraste y reflexión.
POLÍTICA CULTURAL
Incentivos fiscales
Crisis económica y restricciones en los presupuestos públicos. ¿Afectará todo ello a la cultura? Por supuesto que sí. Y no sólo eso, ya que si caen los beneficios empresariales también se reducirán las aportaciones privadas a la cultura, es decir, los patrocinios. Entonces, ¿no sería interesante mejorar ahora la regulación fiscal para impulsar en el País Vasco la actividad de las fundaciones, los patrocinios, las donaciones y las daciones?
Desde luego que sí, pero la cuestión no se ha planteado ni de lejos en el Consejo Vasco de Finanzas celebrado esta semana. Todo lo más, la propia consejera de Cultura dijo en la presentación de la muestra de Sorolla en Bilbao que el tema era interesante y que convendría estudiarlo. Pero ¿cuándo? Lo digo porque no queda mucho de legislatura, con lo cual no parece fácil que a estas alturas surjan novedades en la materia. De todas formas, habrá que ver cómo queda la cultura en la negociación de los presupuestos públicos.
En los de Bilbao, por ejemplo, la partida correspondiente ya recoge una reducción del 7,79%. Y otro ejemplo cercano es el de Francia, donde algunos grandes museos como el Pompidou, el Louvre o el Orsay van a ver reducidas las aportaciones del ministerio de Cultura en un 4,5%. En el caso francés el tema es bien grave, ya que la media de autofinanciación en las instituciones culturales galas se sitúa solo entre el 30% y el 42%. Una pena, en fin, que la vieja miopía política no haya permitido ver con suficiente antelación la necesidad de responder a la crisis con el decidido impulso fiscal a la participación de la iniciativa privada en la cultura.
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