Ha pasado casi una década desde que los dos osos del clausurado Parque Educativo del Ebro, en Sobrón, rompieron la tranquilidad de la vida de la alicantina Mari Carmen Ivorra. Era julio de 1999 y la turista admiraba a 'Ver' y 'Oír' en su jaula cuando resbaló y le arrancaron su pierna derecha dejándole unas marcas imborrables en el cuerpo y en la memoria. Ahora, quizás, podrá recuperar parte de esa calma arrebatada. El Tribunal Superior de Justicia del País Vasco ha condenado a la Diputación a indemnizarle con 245.616,13 euros. La resolución es firme y no cabe recurso ordinario alguno.
La sala de lo contencioso-administrativo, que se ha hecho cargo de este largo proceso, determina que «existió dejación de funciones» por parte de la Administración foral en cuanto al «cierre de la actividad». La Diputación llevó a cabo acciones para impedir que el parque continuara abierto, pero éstas resultaron «tardías e insuficientes», según el fallo
El Ayuntamiento de Lantarón, al que pertenece el espacio natural, solicitó hasta en cinco ocasiones a la dirección foral de Agricultura que tomara medidas en la zona sin recibir ninguna respuesta inmediata al respecto. Por ello, el Consistorio ha quedado eximido de responsabilidades en el suceso, a pesar de que la demandante culpara también a esta administración de lo ocurrido.
Las puertas del recinto continuaron abiertas hasta octubre de 1999 cuando el Ejecutivo foral, por mandato de las Juntas Generales, ordenó su clausura. Dos meses antes, Mari Carmen Ivorra perdía su pierna derecha entre las barrote de la jaula. Pasaba las vacaciones junto a su familia en el hotel ubicado en el mismo parque.
Sin pruebas
Esa fatídica tarde se acercó a ver los animales y resbaló al girarse para atender a su hija, momento que aprovecharon 'Ver' y 'Oír' para sacar una de sus zarpas y enganchar la pierna de Mari Carmen, según relata el juez en el fallo. La extremidad quedó destrozada. La víctima, que entonces tenía 41 años, camina hoy con una prótesis. La Diputación alegó, sin embargo, en su defensa que la alicantina había «coadyuvado o facilitado que se produjeran los lamentables hechos». Una hipótesis de la que no se aportó prueba alguna y que la sala obvia a la hora de fijar su resolución.
La sentencia no observa daños de tipo económico en la vida de Ivorra como consecuencia del suceso pues, aunque le ha sido reconocida una invalidez total para su trabajo -era azafata-, no le incapacita para otras ocupaciones. Los jueces sí advierten, sin embargo, perjuicios físicos, psíquicos y morales. Estos últimos llegando a afectar a su marido e hijos, Yaiza y Eduardo, como testigos de los hechos. Mari Carmen también recibirá 60.000 euros de los herederos del dueño del parque, José Ignacio Aresti. El naturista murió devorado por sus osos en 2001.