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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Sociedad

buscando oportunidades laborales

El emergente poder económico de China ha alentado a 5.000 españoles a estudiar su idioma en busca de oportunidades laborales

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'Buscamos traductores de chino'. Hace unos años, el que sabía manejarse en ese idioma pasaba por excéntrico; hoy las empresas los cazan a lazo. Y sólo es el principio. El emergente poder de China, con un crecimiento anual en torno al 10%, está dando un vuelco radical al mapa económico global. Para millones de avispados en busca de oportunidades de negocio, el gigante asiático se ha convertido en un mercado suculento, y no dudan en hincarle el diente. Esto explica que haya en el mundo más de 30 millones de estudiantes de mandarín, 5.000 de ellos españoles -cinco veces más que a comienzos de la década-, según datos de la Embajada china en Madrid.
En la actualidad, un centenar de empresas vascas se han instalado en China y, de forma paralela, las academias de idiomas han visto en esta lengua un filón al que sacar rendimiento. Hace unos tres años comenzó a hacerse perceptible el interés por el chino en España, y ahora una treintena de universidades incluyen cursos de este idioma. «Existe un mayor interés porque las inversiones en esta región asiática cada vez son mayores. Es un beneficio mutuo. Además, cada vez salen más noticias sobre ese país. Y, como consecuencia, cada vez más gente ve una oportunidad de trabajo», reflexiona Gladis Nieto, profesora de Antropología de China en la Universidad Complutense de Madrid.
En este centro se puede adquirir una licenciatura de segundo ciclo y cada año se matriculan 140 alumnos para aprender mandarín. Su interés es variopinto: estudiantes de turismo que lo ven como necesidad, aficionados a las artes marciales que quieren saber más sobre este mundo... Pero una cosa es empezar y otra mucho más distinta no cejar en el empeño. «A muchas personas les atrae el idioma, pero cuando ven el esfuerzo que requiere abandonan», asegura Nieto.
Esta educadora, de origen italiano, comenzó a investigar la cultura del gigante asiático y para ahondar en ella se vio obligada a aprender su lengua. Vivió un tiempo en Pekín y se dio cuenta de la importancia que iba a tener en el futuro poder comunicarse en mandarín. «Es la tercera economía del mundo y su influencia se multiplica. Además, hay un factor a tener en cuenta: es tan complicado aprender esta lengua, al ser tan diferente a la nuestra, que muy poca gente la controla y, por esa razón, es una herramienta muy poderosa para el trabajo».
El chino es uno de los idiomas más hermosos y artísticos, al estar basado en símbolos. Cada palabra es una obra de arte. Su alfabeto tiene más de 10.000 letras o caracteres. Pero no se ponga a temblar, porque 'sólo' necesita unos 3.500 para disfrutar de la lectura de un periódico chino.
Aprendizaje difícil
El mandarín es la lengua oficial y por extensión la que se enseña a los extranjeros. Para ello, se emplea el sistema de trascripción pinyin, es decir, que en lugar de 'dibujar', se usan letras del alfabeto latino para escribir el sonido de las palabras. La caligrafía es complicada, pero además está la dificultad añadida de la fonética. Un mismo vocablo significa cosas diferentes en función de cómo se pronuncie. Por lo demás, en unos dos años uno puede defenderse solo en el país al que los pasados Juegos Olímpicos terminaron de poner en la cresta de la ola.
Pese a las dificultades que entraña ponerse al día en mandarín, muchas academias han visto el negocio por la creciente demanda. Ya no resulta una rareza acercarse a la Asociación de Chinos de Euskadi para pedir información sobre cursos o dar alguna clase para poner al día el currículo, como indica su presidente, Xiao Rong Zhu, quien prefiere que le llamen Juan. «China se ha abierto al mercado anglosajón. Y eso se nota. En cuanto al País Vasco, también influye en el auge de nuestro idioma la cantidad de adopciones de niñas chinas -unas 300 en la comunidad autónoma-», expone.
La proliferación de centros de enseñanza de chino es palpable en Euskadi. Unos de los pioneros en ofertar esta lengua fue la Cámara de Comercio de Bilbao, cuya actividad ha experimentado un crecimiento constante año a año. Este curso se han matriculado cerca de 50 personas en los tres niveles.
Ester Díaz comenzó hace dos cursos «por 'hobby'». Desde pequeña se enamoró de la cultura del país de la Gran Muralla. El suyo es un caso anómalo, pues suele haber motivos de mayor peso para someterse a este esfuerzo.
«El inglés ya no es un valor añadido en una entrevista de trabajo. Ahora es el chino». Así de rotundo se mostraba Aitor Fernández, licenciado en Ingeniería Informática y que trabaja en el desarrollo de software. Su empresa mantiene relaciones comerciales con China y, por si acaso, «para dar algo más que lo demás», aprende este idioma desde hace unos años. Ahora asegura «que no es una lengua tan difícil, sólo tienes que dedicarle más tiempo».
«Un ritmo abrumador»
Esfuerzo y trabajo son dos adjetivos vinculados siempre a los chinos, y su idioma no iba a ser menos. «Es necesario practicar mucho, porque si no se olvidan los caracteres», explica Elena Ci Hui. Esta taiwanesa es profesora en la Cámara de Comercio, donde lleva cuatro años dando clases de chino. Desde que vino a España ha percibido un aumento sustancial en la demanda de clases; de hecho, su teléfono «no para de sonar» con ofertas para impartir cursos. Y es que escasean los profesores cualificados y los nativos están muy demandados.
En los grandes núcleos económicos como Shanghai, Pekín y Hong Kong también se disputan a los traductores de chino-castellano. El motivo es la inserción de negocios extranjeros. Ahora mismo, cincuenta empresas vascas han abierto una planta productiva en China y otras 47 tienen una implantación comercial o de servicios. Cuentan con el apoyo de la SPRI (Sociedad de Promoción y Reconversión Industrial), donde ofrecen todo tipo de ayudas. «Y es que el desconocimiento del idioma es una de las mayores barreras que nos encontramos los europeos a la hora de aterrizar en la capital asiática», confiesa Miren Madinabeitia, de 39 años, que trabaja para esta entidad.
Ella voló de Mondragón a Shanghai en junio del año pasado sin saber nada de chino, pero reconoce que tras apenas un año está «bastante integrada». Es una experiencia inolvidable, como aseguran todos los aventureros, y además abre muchas puertas. «El ritmo de vida en China es abrumador. Por eso, su crecimiento no se puede comparar al de ningún otro país en la historia moderna. Y los Juegos Olímpicos son sólo el principio. Dentro de dos años, Shanghai será la sede de la Expo 2010, para lo cual ya se está preparando», revela Madinabeitia.
Así que ya sabe, si en su próxima entrevista de trabajo comenta: «Yo domino el mandarín», seguro que gana puntos.
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