L as previsiones a la baja de la recaudación impositiva, hechas públicas ayer por el Consejo Vasco de Finanzas, confirman la tendencia negativa de la coyuntura económica de Euskadi anticipada por distintos indicadores y que ya ha obligado al Gobierno a reajustar una vez más sus estimaciones. El sistema económico vasco, por su propia estructura, está situado en posiciones tardías del ciclo, ya que sus principales sectores son suministradores de otros colocados en 'primera línea', como la construcción y el automóvil. Una característica que retrasa la incidencia del parón de la actividad, pero no la evita. Es cierto, como afirmó ayer la vicelehendakari, que la mayor apertura al exterior de la economía vasca la protege de los efectos de la crisis. Pero se trata de una ventaja estructural que no sirve en la situación actual, cuando sus principales clientes se encuentran en posiciones delicadas. La reducción de la actividad real se agravará, además, como consecuencia del traslado de las tensiones de liquidez que padece el sector financiero. La economía vasca es muy sensible a este hecho, ya que una parte sustancial de sus ventas son productos y equipos que requieren financiación, que será más escasa y más cara. La consecuencia es una merma creciente de la recaudación impositiva que afectará a todos los niveles de la Administración vasca, pero singularmente a los ayuntamientos, que van perdiendo el flujo de dinero que, durante la última década, entró en sus arcas como consecuencia del 'boom' de la vivienda. Sobre esta realidad económica menguante las instituciones vascas tendrán que perfilar sus presupuestos y calibrar sus prioridades. Y hacerlo bajo el doble objetivo de mantener los servicios fundamentales y la calidad de las prestaciones, reforzando el apoyo a la ciudadanía más desfavorecida, y de coadyuvar con sus iniciativas a la superación de la crisis. Una exigente tarea que reclama del Gobierno vasco realismo, rehuir de la complacencia comparativa y adoptar medidas que no sólo palíen los efectos de la crisis, sino que revitalicen el afectado tejido económico de Euskadi.
Desde un punto de vista fiscal, el Consejo Vasco de Finanzas tenía dos vías posibles. Una, la que propugnan habitualmente las formaciones de izquierda y que había sido pactada por el PNV y EA en Guipúzcoa, consistía en subir los tipos y aumentar la presión fiscal. Sin embargo, la opción elegida es mucho más arriesgada, camina en dirección contraria y consiste en rebajar la presión fiscal para tratar de aumentar la base impositiva. Para que se obtenga el resultado buscado es necesario que la medida dinamice la actividad, algo que por supuesto no está garantizado. Sin embargo, esta política ha sido ensayada recientemente y con éxito en muchos países del entorno. Una receta impositiva contra la crisis que debe ser acompañada de iniciativas precisas, ahora escasas, desde la política y la economía.