La médula es una estructura que surge desde el propio cerebro, a través del tronco del encéfalo, para deslizarse por el canal medular hasta las porciones más bajas de la columna vertebral. De forma sencilla se la puede identificar como una estructura por la que viajan las prolongaciones neuronales en ambas direcciones. Además, se sitúan en ella las neuronas encargadas de mantener reflejos automáticos.
Ese flujo bidireccional de estímulos neuroeléctricos se basa en la transmisión de impulsos desde las neuronas situadas en tejidos y órganos, donde cumplen muchas funciones, como la captación de sensaciones o estímulos provocados por cambios internos o externos, como el dolor.
Por otro lado, por la médula espinal se mueven impulsos que representan 'ordenes' procedentes del cerebro. En ella residen también 'arcos reflejos', acciones que se encargan de controlar el funcionamiento autónomo de algunas vísceras o estructuras. Por ejemplo, el vaciado automático de la vejiga urinaria en cuanto se alcanza un determinado volumen.
En la médula se distingue una porción blanca y otra gris. Además de las prolongaciones neuronales o 'axones', residen neuronas con sus cuerpos neuronales. Los axones tienen la importante misión de conducir todos los impulsos que viajan por la médula. Para que transmitan de forma eficaz el impulso neuronal están recubiertos de una sustancia denominada mielina, similar a una vaina que los recubre y protege.
El tamaño de la médula se va reduciendo a medida que desciende por el canal medular, al dar lugar a diversas ramificaciones nerviosas que salen por diversos orificios situados entre las vértebras, para dirigirse a los miembros u órganos internos. De hecho, al final del canal medular tan solo se aprecia la presencia de múltiples ramificaciones que constituyen la denominada 'cola de caballo'.
Todas esas estructuras nerviosas están protegidas por una membrana meníngea que retiene el líquido cefalorraquídeo. Este fluído circula por todo el sistema nervioso central, debe ser estéril y y tener una composición bioquímica estable.
La médula se encuentra muy protegida dentro del canal medular, rodeado de los cuerpos vertebrales -conectados mediante discos- y las apófisis. Esas protecciones óseas le confieren una gran resistencia sin obstaculizar la movilidad de la columna vertebral.
Lesiones medulares
Pero a pesar de esas protecciones, las lesiones o daños que se producen en la médula suelen ser irreversibles. A diferencia de otras estructuras celulares, cuando una neurona resulta dañada difícilmente se recupera. Esa destrucción de las propias neuronas o prolongaciones ocasiona los correspondientes déficits funcionales.
Como sucede tras cualquier agresión, existen una serie de fenómenos inflamatorios o hemorrágicos que revierten con el paso del tiempo. Al desaparecer esos cambios, la zona de lesión o daño tiende a reducirse. No se produce una recuperación en sentido estricto, sino que sólo hay una mejoría funcional por mecanismos compensadores, al potenciarse vías o sistemas alternativos.
Las lesiones medulares habitualmente suelen tener un origen traumatológico. Son derivadas de golpes o accidentes, aunque también el esfuerzo repetido y el desgaste excesivo de la columna vertebral da lugar al desarrollo de fenómenos de artrosis y esclerosis de las estructuras implicadas.
Los propios cuerpos vertebrales sufren un desgaste constante, los ligamentos que rodean todas esas estructuras se fibrosan y calcifican, con lo que pierden elasticidad, y la artrosis determina la presencia de un engrosamiento y esclerosis de la articulación.
Aunque tras una lesión las prolongaciones neuronales puedan volver a crecer, es difícil que recuperen su trayecto original, sobre todo cuando la vaina de mielina protectora resulta también destruida. Sería como intentar empalmar de nuevo un cable roto con multitud de conexiones.
Los problemas clínicos derivados de una lesión medular dependen en gran parte de la zona de lesión. Así, ésta será más grave cuanto más cerca del cerebro se produzca. Pero hay que tenter también en cuenta que en el tronco del encéfalo residen muchas estructuras encargadas del funcionamiento de sistemas vitales, como la respiración.