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Economía

15.10.08 -

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Los 'doctores' que atienden la economía mundial han aplicado diversas terapias para recomponer su deteriorado estado de salud. La primera actuación se limitó a proporcionar dinero desde los bancos centrales. Aunque la cuantía fue importante, su efecto resultó escaso. Los bancos se limitaban a embalsar liquidez, pero la desconfianza les impedía ponerla en circulación hacia sus últimos destinatarios, las personas y las empresas. Luego, el agravamiento de la enfermedad provocó algunos problemas de solvencia. Los clientes empezaron a dudar de la seguridad de sus depósitos y la generalización del miedo amenazó con tumbar a las instituciones más sólidas. Por eso, la siguiente terapia consistió en extender la garantía pública de los depósitos y en comprar activos más o menos tóxicos. Sin embargo, tampoco esto surtió los efectos deseados y, tras la debacle en las Bolsas del pasado viernes, se decidió de manera coordinada aumentar la dosis del tratamiento. Los estados extendieron la garantía al mercado interbancario para reanimarlo, y se comprometieron a aportar, no ya liquidez sino capital a las entidades que lo necesitasen.
Con la primera decisión se persigue que los bancos vuelvan a prestar a los 'usuarios finales'; con la segunda, se intenta disipar el pánico generalizado. Con la información disponible, podríamos decir que lo segundo está conseguido y será necesario esperar un tiempo para constatar con certeza lo primero. Si los clientes vuelven a confiar sus ahorros a los bancos, sin temor, los bancos tendrán dinero para prestar y lo terminarán haciendo, pues es la base de sus ingresos. Pero lo harán con prevención: es decir, endurecerán el proceso de concesión y encarecerán el precio de lo concedido. En resumen, malas noticias para el sector de la economía real.
Nos queda pendiente el problema de las garantías para el propio sector público. Quién recibirá el dinero, en qué condiciones, cómo se garantiza el destino final, a qué precio se compran los activos, mediante qué procedimiento se recompran y cómo se minimiza el coste para el erario público son algunas preguntas pertinentes que los ciudadanos se hacen y la oposición del PP enfatiza. Son pertinentes, pero quizás sean prematuras. El proceso de salvamento es extraordinariamente complejo, como lo es la situación. De momento, se trata de apuntalar el edificio, más tarde tendremos tiempo, y la obligación, de establecer las cautelas necesarias para el buen uso de tanto dinero público.
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