Robert Pledge y David Burnett crearon hace 32 años la agencia Contact Press Images. Ya desde un principio, contaron con las cámaras de profesionales tan prestigiosos como Annie Leibovitz, Don McCullin, Alon Reininger o Li Zhensheng, a quienes se han unido más tarde Kristen Ashburn, Stephen Dupont o Sebastiao Salgado, entre otros.
Sus cámaras han reflejado todo tipo de noticias, desde conflictos bélicos hasta trayectorias de personajes como Juan Pablo II. Pledge explica que «los fotoperiodistas son periodistas que son fotógrafos, así que se guían por los mismos principios: conseguir la mejor y la más honesta representación de la verdad, a través de un trabajo en cualquier tema. También es subrayar determinados aspectos o incluso denunciar formas de corrupción política, social o económica ante los lectores o las autoridades, con la esperanza de que alguien pueda remediar esa situación. Esta es nuestra opinión en torno a esta profesión», expone esta autoridad en el mundo de la información gráfica, que en estos días visita Vitoria con motivo del ciclo Periscopio.
Su labor tiene que luchar contra la falta de libertad de expresión. Y no sólo en países bajo un régimen totalitario. «Incluso en las democracias es una batalla cotidiana, porque aunque se hable de ella como uno de los pilares del sistema, cuando estás en el poder se deja en el campo teórico y no se aplica tanto a la realidad del día a día: los periodistas resultan molestos», y cita casos de recortes de libertad, situaciones que se han dado bajo la administración Bush, el asunto de los presos de Guantánamo o la seguridad nacional como límite.
«Intentamos ver esa realidad con las cámaras, como otras agencias, y representarla visualmente. Con honestidad, no objetivamente», distingue Pledge. Y es que «la fotografía es una representación de la realidad a través de los ojos de una persona, pero hay un compromiso y una honestidad. Para el lector, depende de cómo se le presente en el diario, revista, internet o pantalla de televisión».
Por eso, discrepa de «la famosa expresión de que 'una imagen vale mil palabras'. Es una tontería. Hay obras maestras que puede que sí, como 'La Gioconda' o el 'Guernica', pero también otras que pueden valer mil mentiras, debido al contexto o al titular». Por esta razón, su agencia nunca corta las imágenes, ni las modifica, y exige al medio que las use la integridad de las mismas, excepto «en casos especiales de una portada o si tiene que pasar a la siguiente página y hay un problema técnico. En el 98% de los casos, no se tocan».
De Leibovitz a Bruni
«Si puede haber problemas, incluso pedimos leer el texto, lo que puede molestar a algunos editores. Pero se trata de evitar que esa foto se malinterprete en un contexto, como cuando Annie Leibovitz logra que alguien pose como no lo haría con nadie más. Recuerdo las fotos de desnudo de Carla Bruni-Sarkozy: tan sólo querían asegurarse de que no fueran a la prensa amarilla, algo que en ningún caso haríamos».
En su trayectoria, Pledge ha presidido -por ejemplo- el jurado del World Press Photo, del que organizó incluso una gran exposición por sus primeros 30 años. «Fue la primera organización que en la Guerra Fría reunió en un jurado a gente de Europa Occidental y de América con otra de la Unión Soviética y del Este». Como consecuencia, «han reunido un gran archivo visual del mundo».