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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

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ANÁLISIS

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Bilbao es una ciudad mediana y sensata por la que uno puede pasear de noche sin demasiado riesgo. Los datos dicen que la tasa de delincuencia en la villa es inferior a la media del país y, lo que es más importante, en las calles siempre se ha respirado un ambiente tranquilo y confiado. Por eso sorprende y preocupa que en la última semana se hayan producido dos agresiones sexuales. La primera tuvo como víctima a una mujer colombiana y la segunda a una universitaria alavesa. Son esa clase de noticias que durante un segundo paralizan la respiración de la ciudad.
Una de las mujeres agredidas conoció a sus atacantes en una discoteca. La otra regresaba a casa tras salir de copas un jueves, como acostumbran a hacer los universitarios. Sus casos nos traen a la cabeza episodios similares que han ocurrido últimamente entre nosotros. A comienzos del verano, una mujer denunció un ataque en las torres de Isozaki. Unos meses antes, una joven fue agredida en las escaleras de Iturribide y, durante la Semana Grande, una menor fue violada en Particular de Estraunza, junto a la Gran Vía.
Todas nuestras reservas de optimismo antropológico se evaporan al conocer noticias como estas. Si el hombre es bueno por naturaleza, lo cierto es que lo disimula muy bien. No sabemos si los agresores sexuales son agresores sexuales porque el mundo les ha hecho así, si su conducta se debe a un fallo neurológico o si son víctimas de la malvada sociedad. Mientras lo discutimos, lo mejor será protegernos de ellos. La efectividad policial y la contundencia judicial son los instrumentos para hacerlo, pero también debe prestarse atención a todas aquellas medidas que puedan ponérselo más difícil al agresor.
Ayer leíamos que el Ayuntamiento va a emplear tres millones de euros en mejorar el alumbrado en algunas zonas de la ciudad. Para localizar los puntos que necesitan luz, el Consistorio ha contado con la ayuda de vecinos y asociaciones feministas. Todo lo que se haga para evitar nuevas agresiones estará bien hecho. Unas calles mejor iluminadas harán de Bilbao una ciudad más segura para las mujeres. La luz, como se sabe, funciona muy bien para espantar a los vampiros.
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