Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

null

DE CUANDO EN CUANDO

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Uno de los problemas que afectan por lo visto sólo a las mujeres es el de la gordura. Y hablo de problemas femeninos porque en la publicidad siempre son señoras o señoritas las que anuncian remedios para adelgazar, para los escapes de orina, para el estreñimiento y algún que otro inconveniente que no cito por discreción. Los hombres, al parecer, somos inmunes a estos problemas. Menos mal.
Pero hoy quería hablarles del método para adelgazar que he encontrado en una revista de hace 53 años. Concretamente en una publicación de junio de 1955. El anuncio está ilustrado con dos figuras femeninas: una, naturalmente, gorda; y la otra, esbelta y con las medidas ideales.
Pero en el anuncio hay dos detalles que son los que más me han llamado la atención. Uno se refiere al sistema y el otro a la eficacia. Lo del sistema no deja de resultar insólito, porque no exige ni regímenes especiales, ni gimnasias ni tomar nada por la boca. El anuncio no detalla en qué consiste el remedio. Lo siento porque había suscitado mi curiosidad.
Ni un céntimo
El otro detalle, que es para mí el más asombroso, se refiere a las condiciones de pago. Léanlas en este párrafo del anuncio: «Una oferta especial que os permitirá ensayar en vuestra casa un tratamiento completo y en tales condiciones que si no obtenéis nuevamente la silueta deseada no os costará ni un céntimo».
No voy a poner en duda la eficacia del método, porque usando el sistema de pago que inventó aquel albañil especialista en cocinas de carbón («no tirando no cobro») no cabe la posibilidad de que no funcione. Que yo sepa, nadie invierte dinero en un negocio y se gasta los cuartos en publicidad para no cobrar un céntimo.
Y aquí es donde hago mi reflexión y me digo: Que si aquel sistema era tan eficaz como para no cobrar si no se adelgazaba, ¿por qué no sigue funcionando hoy, que, en mi opinión, hay más señoras gordas que hace cincuenta años? Como decía Hamlet, «esa es la cuestión» (aunque Hamlet, naturalmente, lo decía en inglés).
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS