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13.10.08 -

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La cumbre extraordinaria de París, convocada a raíz de la situación de emergencia desatada por el contagio del sistema financiero europeo de los activos tóxicos que contaminaron la gran banca norteamericana y provocaron el hundimiento de las bolsas del continente, ofreció ayer la primera demostración de unidad de la clase política europea ante la adversidad. Los Quince brindaron una imagen de determinación tratando de olvidar la precipitación de jornadas anteriores en que cada estado anunciaba, con horas de diferencia, medidas unilaterales sin tener en cuenta sus consecuencias transfronterizas. Los líderes consensuaron finalmente una fórmula combinada de acuerdos comunes y soluciones nacionales bajo la sombra de la amenaza global de recesión y la convicción compartida de que las decisiones que se adopten estos días marcarán el rumbo de los años venideros. En una coyuntura caracterizada por la desconfianza entre los operadores financieros que amenazaba con paralizar el mercado interbancario y convertir una falta de liquidez circunstancial en un problema de solvencia, los líderes de la eurozona optaron por proteger y garantizar el funcionamiento de las entidades bancarias.
El acuerdo suscrito por los Quince señala la hoja de ruta común y obligada para quienes comparten moneda y mercado estableciendo el compromiso de garantizar la refinanciación de los bancos durante un año; tomar activos tóxicos, no dejar caer ninguna entidad financiera y facilitar el flujo de dinero en la UE avalando con fondos públicos los préstamos interbancarios. Bajo este paraguas, cuya eficacia ante las fuerzas incontroladas del mercado y la desconfianza se pondrán a prueba desde primeras horas de hoy, cada estado dispondrá de un margen para implementar sus recetas particulares adaptadas a sus problemas específicos. El presidente Zapatero defendió al término de la cumbre la fortaleza de la banca española que, a su juicio, no requerirá de planes de rescate como los que preparan Gran Bretaña o Alemania, lo que representa un lenitivo para una economía como la española que no solamente está resultando castigada en las Bolsas de valores al mismo nivel que el resto de países desarrollados, sino que tiene pendientes algunos focos de tensión económica específicos. Pero el presidente Sarkozy, que apeló en la presentación del acuerdo al imprescindible sentido de responsabilidad de la banca, puso el acento de una de las cuestiones determinantes a la hora garantizar el correcto funcionamiento del plan de París. Porque tanto la banca como las administraciones van a estar sometidas a un estricto escrutinio social que en último término acabará evaluando el cumplimiento de unos acuerdos, cuyo objetivo último es ofrecer al contribuyente y a las empresas los medios financieros imprescindibles para poder mantener su actividad comercial y garantizar su futuro.
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