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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

TAU Cerámica

TAU CERÁMICA

El Baskonia enfría la euforia del Unicaja con una prueba de oficio en un duelo vibrante en lo emocional pero irregular respecto al juego

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Un viejo seguidor del Unicaja resoplaba al término del encuentro. Se mesaba sus cabellos plateados. Atisbaba el cielo a la caza de una explicación y cabeceaba ante la falta de respuestas convincentes.
-«A este paso mejor que nos den por perdidos los partidos contra el TAU. Es que no hay manera de ganarles».
No andaba desencaminado. Tras el 69-75 de ayer, el Baskonia se ha impuesto al potentado de la Costa del Sol en sus últimas diez reuniones en la ACB. Desde su enfrentamiento en la 'Final Four' de Atenas'07 ha dado igual que hiciera sol, que lloviera, que el choque se oficiara en jurisdicción malagueña, que fuera Semana Santa o, como en esta última ocasión, que el maratoniano vitoriano presentara una planilla de lo más esmirriada. El resultado volvió a ser el habitual. Triunfo azulgrana y rostros boquiabiertos en un Martín Carpena sin una butaca libre.
Con Splitter penando su rotura de fibras en Vitoria, Vidal ocupando un asiento VIP y Prigioni espléndido pese a su cojera, el TAU Cerámica quebró la firme convicción verdiblanca, levantada sobre las palizas al Real Madrid y Cajasol Sevilla. Porque el combinado de Aíto García Reneses se estampó contra un muro de granito.
Dar la cara
Y eso que, de entrada, el anfitrión se sintió más grande, más atlético y dueño de un banquillo mucho más profundo. Sin embargo, tras abrir boca con el espectacular Haislip de portaestandarte, pronto se dio de bruces con la realidad. Este Baskonia 'made in Ivanovic' podrá jugar mejor o peor, sólo que siempre da la cara.
El completo currículo que empieza a distinguir a muchos de sus integrantes supone además una garantía. Otra historia será el precio a pagar por tanto derroche de corazón y oficio. Prigioni, el mismo que no tocaba un balón desde el pulso contra el Manresa, exhibió una preocupante cojera en la recta final y casi necesitó ayuda para alcanzar el vestuario una vez consumada la sorpresa.
Al menos, su recambio natural, Mustafa Shakur, gritó ayer al mundo que sabe de qué va esto del baloncesto. El estadounidense, con un mes de retraso, demostró que sabe pasar, botar, dirigir, robar, penetrar y hasta colarla desde distancias largas. Empató como el más valorado de los visitantes con Rakocevic, quien debería enfrentarse todos los días al Unicaja. En serio, su sola presencia ya amarga el ánimo al personal malagueño que ante su figura ya no sabe si llorar, calentarle los oídos o presentarle una oferta en firme.
Todo esto, y mucho más, sucedió en un partido vibrante en lo emocional aunque bastante irregular respecto al nivel del juego. El rebote ofensivo, Rakocevic y Shakur sostuvieron de salida a un Baskonia muy inteligente adelante. Frente a la pegajosa defensa local, una de las marcas de estilo impuestas por Aíto, optó por la solución más lúcida: mucho pase rápido y poquísimo bote.
Luego supo apretar los dientes alrededor de su aro. El Unicaja cuenta con una batería de lo más completa. Los muelles de Haislip provocaron no pocas jaquecas, lo mismo que el trabajo sordo del siempre correcto Archibald. Y cuando los chicos de Ivanovic por fin pudieron atarles en corto apareció la garra de Cabezas y el tino de Gomis, quien ha pasado de rozar la depresión en el descendido Fórum a 'descubrir' la élite ACB.
En esta decoración, los errores ensuciaron bastante la puesta en escena. Existieron por ambos bandos. De hecho hubo posesiones en que la canasta, debajo del aro, llegó tras tres fallos consecutivos. El TAU, eso sí, se amoldó mucho mejor a esta incómoda situación.
Además tapó con mayor eficiencia sus carencias. Poco importó su déficit de efectivos o que algunos jugadores se cargaran de personales antes de lo previsto. Fruto de su oficio acertó con la tecla en ese clima brumoso. Pegó sin preguntar cuando debía, sacó la lengua en el momento justo y abrió ese hueco preciso cuando menos lo esperaba el hasta entonces flamante líder de la competición. Un ejemplo perfecto; con 67-70 y 28 segundos por disputarse y apenas un par para el cierre de la posesión azulgrana, Prigioni se sacó de la nada una falta, y tres tiros libres, ante la desesperación general del Martín Carpena. ¿Hace falta añadir más?
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