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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Economía

ECONOMÍA

Las carteras de pedidos han caído con fuerza desde el verano en el sector, que prepara cierres y regulaciones masivas de empleo

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La crisis ya se deja sentir con fuerza en el País Vasco. Su impacto se había limitado hasta ahora al consumo de las familias -frenado en seco por la subida de tipos y las negras perspectivas de futuro- y al parón de la construcción, que ha contribuido al deterioro del mercado laboral en los últimos meses. Pero los efectos empiezan a ser muy visibles en la industria y se agudizarán a corto plazo. Un sondeo entre las principales compañías del sector en Euskadi dibuja los augurios más negros: las carteras de pedidos han sufrido un recorte significativo -dramático en algunos casos- con carácter general desde el pasado julio. Además, todos los indicios apuntan que esa caída no es coyuntural, sino que se enmarca en un horizonte de recesión generalizada que alienta la sensación de que lo peor aún está por llegar.
El súbito retroceso de las ventas, y en consecuencia de la actividad, tendrá consecuencias inmediatas. Expertos jurídicos en materia laboral apuntan que no habrá que esperar mucho tiempo -apenas unas cuantas semanas- para que se disparen los expedientes de regulación de empleo, que en algunos casos pueden conllevar cierres completos de factorías. Ellos ya trabajan -en este caso, incluso, metiendo muchas horas extraordinarias- en los documentos que presentarán en breve a la Administración para justificar semejantes medidas en nombre de las empresas a las que asesoran. El reciente ajuste anunciado por el fabricante de neumáticos Bridgestone, que afectará a algo más de la mitad de la plantilla durante 23 días -más de 1.200 operarios de las plantas de Basauri y Galdakao se tendrán que quedar en casa durante ese periodo- por el desplome en la matriculación de vehículos, es sólo la punta de un 'iceberg' que comenzará a salir a flote en breve.
Comienza el contagio
Euskadi no es una isla en medio del océano, pese a la imagen optimista que ha trasladado el Gobierno vasco para sostener la tesis de que la crisis apenas rozaría a su economía. Aunque los expertos coinciden en que el menor peso relativo de la construcción y la primacía de la industria constituyen elementos diferenciales, también es un denominador común que el ajuste, el hundimiento de la actividad y el aumento del paro «tardarán algo más en llegar, pero llegarán».
Primero caen a plomo las ventas de pisos. Luego, las nuevas promociones son abandonadas. Como consecuencia de ello se comercializan menos lavadoras, menos muebles y también menos rodamientos de los que van instalados en los mecanismos de los ascensores. El efecto contagio ya comienza a notarse en las empresas vascas. El mismo círculo vicioso sirve para explicar el impacto en el sector de componentes del automóvil -en el que la comunidad autónoma es líder nacional-, la repercusión en el comercio del frenazo generalizado en el consumo -ya sea de coches, artículos para el hogar, hostelería u ocio-... y así casi hasta el infinito.
Todo ello ha contribuido al ya perceptible deterioro de la industria, que las estadísticas aún no reflejan con toda su intensidad.
Algunos analistas sostienen que el Ejecutivo vasco se ha dedicado durante los últimos meses a hacer 'el Solbes': dícese de quien se aferra a datos de anteayer para sostener que las cosas hoy no están tan mal, que el aterrizaje será suave y que nos irá mejor que a los demás.
«Nadie puede decir que una crisis no va a afectar al País Vasco porque la globalización significa contagio a todo el sistema, sin fronteras», asegura el presidente de la Corporación IBV y ex consejero de Hacienda, Alfonso Basagoiti. «Puede haber un decalaje de tiempo mayor -añade-, pero acaba llegando».
El verano del cambio
Las haciendas vascas son conscientes de la negativa marcha de la economía en los últimos meses. No sólo su recaudación ha cambiado de signo y desciende en comparación con el pasado año, sino que numerosos empresarios hacen ya cola en su puerta para pedir aplazamientos de pago. La patronal Confebask es consciente de que el panorama ha girado con celeridad a peor desde el verano. «Ya habíamos advertido -recuerda su secretario general, José Guillermo Zubía- de que nos encontrábamos en una situación distinta. La crisis afectó primero al consumo, después a los sectores que están ligados a él y más tarde, como era lógico, debía llegar a todos los demás. Agosto y septiembre han supuesto la confirmación de que había que revisar las perspectivas aquí y en el resto del mundo».
La Bolsa, pese a su aparente locura, siempre ha sido un magnífico termómetro para sondear lo que puede pasar. Sus cifras reflejan, precisamente, lo que muchos creen que va a suceder. Su caída a plomo de la última semana ha sido reveladora. En medio de una crisis de confianza sobre el sistema bancario, los valores más castigados han sido los industriales. Un repaso por los títulos de las empresas vascas de esa actividad o con una presencia significativa en Euskadi permite apreciar que, en sólo diez días, han perdido entre el 13% y el 43%. Un aviso a navegantes sobre el futuro estado de esas aguas.
¿Habrá expedientes de regulación y cierres de empresas? «Es consustancial a una crisis -recuerda Zubia como toque de atención para quienes piensan que esto no va con el País Vasco-, ya que si la actividad y el consumo disminuyen, también lo hacen los recursos que se movilizan para ello».
Vuelta a empezar
Hay una parte del tejido industrial vasco que en los años de bonanza simplemente ha sobrevivido, pero apenas ha podido alcanzar una velocidad de crucero suficiente para conseguir una posición de fortaleza. Son los 'rescoldos' que quedaron de la crisis de mediados de los 80 y principios de los 90, protagonistas en muchos casos de aquellos planes que hicieron furor para la salvación de empresas que no han hecho sino malvivir, transitar a tientas por los años de crecimiento. Algunas de ellas, algunos nombres muy sonoros en aquellas crisis, serán las primeras en chocar contra las dificultades financieras del momento o el recorte del consumo. La reciente suspensión de pagos de Magefesa es un buen ejemplo del fenómeno que se avecina.
Hay un elemento en el que todos los expertos coinciden: «las empresas vascas han hecho los deberes en estos años con el fortalecimiento de sus recursos propios», apuntan tanto Zubía como Basagoiti, lo que permitiría pensar que, en términos comparativos, estarían bien preparadas para soportar las tensiones de liquidez que se van a presentar en el corto y medio plazo.
¿Que hacer en esta situación? «Esforzarse en la internacionalización, en innovar y también en ser austeras», explica el secretario general de Confebask. Es de esperar que el conjunto de la sociedad camine en el mismo sentido.
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