El sol no sólo es cáncer de piel. La salud de las personas que sufren problemas dermatológicos como acné, dermatitis y psoriasis mejora notablemente durante los meses de verano debido a la acción de los rayos solares. Para todos estos y otros pacientes, las vacaciones terapéuticas se han terminado. Con la llegada del otoño, la piel vuelve a descamarse, las manchas psoriásicas se ponen cada vez más rojas y los granos propios de la adolescencia rebrotan con fuerza. Es el momento de reparar los daños causados por el sol del verano y preparar para el invierno el tejido que recubre nuestro cuerpo y nos protege frente a las infecciones.
En una piel normal, sin problemas, una crema hidratante puede ser suficiente para mantenerla sana y fresca. Pero no siempre es así. «En esta época del año, muchos pacientes tienden a pensar que se encuentran peor o que su enfermedad evoluciona mal; pero se equivocan», explica la dermatóloga Nerea Landa, de la clínica Dermitek. «Simplemente, ocurre que el sol desaparece y los beneficios que nos reportaba, de momento, se acaban». Quienes más notan el cambio de estación son probablemente los pacientes afectados de psoriasis.
Considerada como una de las enfermedades que mayor malestar físico y psíquico provocan a quienes sufren sus formas más violentas, la psoriasis es una de las patologías de la piel más extendidas. Los estudios epidemiológicos apuntan a que un 2% de la población sufre diferentes grados de escamación y llagas en la piel. Las manchas blancas que la decoloran son su marca de fábrica.
Con geles y pomadas
La psoriasis, una enfermedad genética, incurable y cada vez más extendida, es un problema de salud que, por razones que se ignoran, tiene en el País Vasco mayor incidencia que en el resto del mundo. Casi el doble: entre un 3% y un 4%. En el mundo suman 80 millones de afectados. Sus pieles comienzan a descamarse y les brotan unos pequeños tumores llamados pápulas que acaban convirtiéndose en placas rojas. Se van soltando y, a veces, se transforman en llagas. La mayoría de los casos, dos de cada tres, se resuelven con tratamientos sencillos a base de geles y pomadas.
La dermatitis seborreica que también despunta a partir de otoño es lo que se conoce comúnmente con el nombre de caspa, que pese a lo que pueda creerse no sólo afecta al cuero cabelludo. Otras partes del cuerpo, como la cara y el pecho, también se descaman. Ocurre en bebés de menos de tres meses y en los adultos mayores de 30. Con el verano, ese proceso se paraliza, pero en otoño se despierta de su letargo estival. La terapia, para aliviar los síntomas, consiste en la aplicación de lociones y champús, en función de la zona que se desee tratar.
El acné suele ser más común en la adolescencia y juventud, entre los 12 y 30 años. «A partir de esa edad -comenta la especialista de Dermitek- desaparece, pero hay casos de pacientes con acné incluso más allá de los 40». El problema se produce porque las glándulas sebáceas comienzan a generar más sebo del debido, es decir, demasiado aceite.
Los granos se heredan
Aunque es una dolencia que tiene mucho de hereditario y de la que se conocen muchos aspectos, sus causas concretas se desconocen. Los granos, rojos y con pus, aparecen no sólo en el rostro, sino también en la espalda. «El acné hay que valorarlo bien porque los granitos pueden ser pocos y superficiales o muy profundos y que dejen grandes cicatrices», explica la dermatóloga Nerea Landa.
Una parte de la enfermedad es de carácter infeccioso, provocada por una bactería. El microbio produce una infección en el poro, que acaba supurando pus y provocando que el acné se multiplique sin control. La mayoría de los casos se tratan con cremas y geles que mantienen controlados los síntomas de la enfermedad. En los pacientes con cuadros más graves, la terapia se completa, si es posible, con antibióticos orales.
Los de última generación, además de mantener los síntomas controlados, también han logrado minimizar las secuelas de la enfermedad. «El tratamiento es paliativo, curativa sólo es la edad. Las actuales terapias han reducido mucho las marcas que antes dejaba el acné. Hoy, además, esas cicatrices también pueden minimizarse con láseres poco agresivos», detalla la especialista.