El despliegue hace más de dos semanas de 10.000 soldados sirios en la frontera con Líbano y las sospechas de que el régimen de Bachar al-Assad podría vengar el atentado sufrido en Damasco el pasado día 27 invadiendo la ciudad de Trípoli en busca de los responsables yihadistas del ataque, ha acabado por empujar a Washington a solidificar su cooperación militar con el Gobierno aliado de Beirut.
Ayer, Estados Unidos firmaba con el Ejecutivo de Fuad Siniora tres contratos en materia de Defensa por valor de 63 millones de dólares -46 millones de euros- que incluyen tecnología segura de comunicaciones, munición y armas de infantería. Según otras informaciones, este refuerzo al Ejército de Líbano conllevaría también la llegada de varios helicópteros de combate Cobra norteamericanos, que estarían disponibles en Jordania para apoyar en cualquier momento una llamada de emergencia desde Beirut.
El acuerdo sirve para consagrar la institucionalización de relaciones militares privilegiadas entre ambos países, que se producía en la misma mañana con la creación de una nueva Comisión Militar Conjunta, fruto de la reunión mantenida en septiembre en Washington entre George W. Bush y el presidente libanés, Michel Suleiman.
De aquel encuentro, trascendió también el compromiso del secretario de Defensa norteamericano, Robert Gates, de proporcionar a las Fuerzas Armadas del País del Cedro asistencia militar por valor de otros 400 millones de dólares -293 millones de euros-, a lo que cabe sumar la ayuda -pendiente ahora de la aprobación del Congreso estadounidense-, de 60 millones de dólares -44 millones de euros- en helicópteros, munición y vehículos Humvee. Tales dotaciones vendrían a engrosar los arsenales que Líbano recibió de Estados Unidos y de países árabes durante los tres meses que en 2007 duró la lucha entre su Ejército y los radicales suníes de Fatah al-Islam en el campo de refugiados de Nahr al-Bared, que incluyeron misiles antitanque, sistemas de visión nocturna y toneladas de munición.
Advertencia
El paso adelante dado por la Administración norteamericana, que empezó a intensificar su cooperación con el Gobierno libanés tras la guerra de 2006 entre Israel y Hezbolá, llegaba acompañado de un claro mensaje de advertencia a Damasco. «Cualquier intervención de las tropas sirias en Líbano sería inaceptable. Los recientes ataques terroristas en Trípoli y Damasco no deben servir como pretexto para ofensivas militares sirias», proclamaba el lunes desde Washington el viceportavoz del Departamento de Estado norteamericano, Robert Wood.
El aviso se hacía eco de los temores del Ejecutivo de Fuad Siniora y de las fuerzas antisirias acerca de la posibilidad de que Damasco se prepare para adentrarse en territorio libanés a la caza de grupos extremistas suníes, que hace meses se concentran en Trípoli, y a los que Siria culpa de intentar desestabilizar su régimen. Más allá, Beirut ha planteado a Estados Unidos incluso su creencia de que el país vecino podría planear un magnicidio en Líbano similar al que en 2005 acabó con la vida del ex primer ministro Rafic Hariri, para luego lanzar una incursión militar durante la confusión.