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Sociedad

07.10.08 -

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Fueron necesarias casi dos décadas de disputas legales, altas cumbres políticas entre Francia y Estados Unidos y acuerdos a regañadientes para que Luc Montagnier y Robert Gallo sellasen la paz. El hallazgo del virus del sida había servido para demostrar a la comunidad científica que estaba equivocada, que era un mito la idea de que las enfermedades infecciosas pertenecían sólo a los países en vías de desarrollo y que los retrovirus eran unos microbios propios de los animales.
Había tantos intereses en juego que en veinte años, desde 1983 a 2003, el científico francés y el norteamericano escenificaron la paz y volvieron a la guerra una y otra vez. El enfrentamiento, sobre el que pesaba más que la gloria la batalla económica por la explotación de las patentes, obligó a un armisticio en 1988 al más alto nivel. Lo firmaron Ronald Reagan y Jacques Chirac, presidentes de EE UU y Francia. Pero nada.
Volvieron a la carga y volvieron a abrazarse con el Premio Príncipe de Asturias de 2000. Un artículo en 'Science' en 2003 selló la paz. Para Montagnier el descubrimiento y para Gallo su bautizo. Pero la paz se dejó flecos. El acuerdo se olvidó de reconocer el trabajo de Françoise Barré-Sinoussi. Los Nobel lo han hecho. Ahora también la polémica ha terminado.
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