Bélgica sufrió ayer las consecuencias de una huelga que, sin haber sido convocada con carácter general, provocó innumerables inconvenientes a la población tanto al norte como en el sur del país, así como en Bruselas.
La protesta había sido reclamada por los tres principales sindicatos, el cristiano, el socialista y el liberal, y constituía una especie de «advertencia» al Gobierno del malestar de los trabajadores por la pérdida de poder adquisitivo, a raíz del encarecimiento de los alimentos y de la energía. El transporte público se vio seriamente perturbado al igual que buena parte de la industria, la distribución o correos, que detuvieron total o parcialmente la actividad. El paro se dejó sentir acusadamente en Bruselas, y en grandes ciudades del norte como Amberes o Gante, y el sur, como Charleroi y Lieja. En septiembre, el IPC en Bélgica se situaba en el 5,46%, en tasa interanual.
La huelga había sido duramente criticada por la patronal, dada la muy difícil situación económica que vive el país. Los liberales flamencos, en la oposición, consideraban incluso que estaba inspirada por los socialistas flamencos y francófonos, y que tenía un trasfondo estrictamente político.
Malestar ciudadano
Los medios de comunicación recogieron durante toda la jornada opiniones de la gente en la calle, que expresaban su descontento con la acción sindical. Fueron miles los bruselenses que tuvieron que desplazarse a sus trabajos a pie. En la prensa no se escatimaron tampoco críticas a la huelga, que fue considerada poco menos que un cartucho desperdiciado por los sindicatos cuando se aproximan contactos muy difíciles para los interlocutores sociales.
Dentro de un mes, patronal y sindicatos deben discutir asuntos de gran relevancia en la negociación de un nuevo convenio interprofesional, como la revisión automática de los salarios en función del coste de vida o la armonización de la vida profesional y privada. La patronal ha cometido, al decir de diversas fuentes, un error al bloquear la adaptación de las ayudas a los índices de bienestar social, de las que se benefician los más desfavorecidos. Con ello ha dado alas a quienes querían una demostración de fuerza como la de ayer.
El Gobierno, sumido en las extraordinarias dificultades que resultan de la crisis financiera, no tiene respuestas para las ayudas reclamadas por los huelguistas para abaratar la cuenta de la gasolina y del gasóleo de calefacción, a través de una reducción del IVA.