La llamada del presidente del Gobierno a los máximos responsables de las principales entidades financieras españolas, en plena coyuntura de crisis, no tenía precedentes en la historia moderna de España. De ahí que la propia convocatoria sirviese para valorar la gravedad del momento y también la preocupación del Ejecutivo, atrapado en un terremoto internacional de proporciones desconocidas y que es difícilmente atacable con medidas nacionales unilaterales.
No es habitual una reunión como la de ayer y tanto los mandatarios públicos como los propios banqueros tienden a evitarlas o, al menos, a que se publicite su celebración, para impedir que se trasladen señales de alarma en un asunto tan sensible como la seguridad de los depósitos.
Para encontrar algun precedente similar al de ayer, aunque de mucho menor rango, hay que dar marcha atrás hasta las navidades de 1993, cuando se gestó la intervención de Banesto, presidido entonces por Mario Conde. En aquel momento, el gobernador del Banco de España, Luis Angel Rojo -hoy miembro del consejo de administración del Banco Santander-, convocó a los presidentes de los principales bancos españoles a una reunión en su casa. El objetivo del encuentro era trasladarles los temores de la institución supervisora sobre la situación real de solvencia de Banesto; las dificultades que se habían evidenciado para formalizar una ampliación de capital que restaurase el equilibrio patrimonial del banco y sondear cómo se vería en el sector una intervención de la entidad por parte del Estado.
Aquel cónclave en el domicilio de Rojo a finales de 1993 -la intervención se haría efectiva tan sólo unos días más tarde, en la mañana del 28 de diciembre- tuvo, sin embargo, un denominador común con el encuentro celebrado ayer en el Palacio de La Moncloa. Rojo hace 15 años y Zapatero ayer buscaban el respaldo de los banqueros a sus decisiones. Así, el gobernador pidió entonces a los presidentes la 'cesión' temporal de un grupo de directivos, de contrastada valía profesional, para hacerse cargo de la gestión de Banesto y también de su saneamiento inicial, ya que el cese de Mario Conde y de su 'grupo de fieles' se consideraba como algo inevitable. Esa fue la pista de aterrizaje de Alfredo Sáenz en Banesto.