Apuros en la primera prueba. Estaba previsto que, ayer, el nuevo medio de locomoción que pondrá en marcha la capital alavesa emprendiera tímidamente su rodaje por la calle Landaverde, en Lakua. Sin embargo, el 501, el único convoy que ha llegado por ahora a la ciudad -vendrá otro a final de mes y así hasta completar el pedido de diez- apenas pudo abandonar las cocheras hasta última hora de la tarde, cuando logró al fin cubrir su primer viaje sin pasajeros.
«Desajustes eléctricos» impidieron que el tranvía avanzara ni siquiera hasta la primera parada, situada a escasos metros del edificio de cinc donde duerme, se asea y revisa, durante cerca de cinco largas horas. La máquina y sus cinco vagones se quedaron ese tiempo clavados en plena calle, en el mismo lugar hasta donde le remolcó un camión, cruzado en plena calle: la cabeza, en el inicio del trazado y, los cuartos traseros, dentro del recinto de Ibaiondo. El sol se estaba metiendo cuando accedió a echar a andar.
A la hora 'hache', las dos y media de la tarde, cerca de una treintena de técnicos de EuskoTran -la firma que explotará el metro ligero-, de CAF -el fabricante- y de ETS -propietaria de la línea- revoloteaban junto a las cocheras. Según el plan previsto para la jornada, la primera prueba del metro ligero sobre el trazado tenía por objeto comprobar que andaba. «Después, que no hay obstáculos en su recorrido. Esto es, que no pega con nada y que el cambio de agujas y la señalización, funcionan. Y, a la vez, ajustar todos los parámetros de intensidad, tensión o esfuerzo de frenada para introducirlos en el 'software'», explicaba antes del ensayo Mikel Beitia, gestor de mantenimiento de transporte ferroviario y tranviario. Todo ello se haría en un tramo, bastante menor del fijado inicialmente, de apenas 450 metros. Los que separan el domicilio del 'gusano verde' de la segunda de sus paradas, en Landaverde con Duque de Wellington. Un reto que se antojó ayer cuesta arriba para los convoyes.
Jaque a los técnicos
Cinco minutos más tarde de la hora 'hache', el 501 emergía desde las cocheras, propulsado por un camión, con las luces puestas y al toque de una especie de repique de campanas (su bocina). Con medio cuerpo fuera, la primera maniobra consistía en acoplar el pantógrafo, una especie de cuña ubicada en la parte superior de la máquina, que se despliega, se acopla a la catenaria y proporciona al tranvía la 'gasolina' para poder circular. En este caso, electricidad.
Superada la operación con normalidad, el convoy hizo ademán de moverse. Pero fue sólo eso, un amago. Goar, un joven bregado en la puesta en marcha del metro ligero vizcaíno, y llamado a estrenar ayer el 501, no pudo ponerse a los mandos del tranvía hasta cerca de las 19.30 horas, cuando empezó al fin a circular. Y es que la «inestabilidad de la tensión eléctrica» puso en jaque a los técnicos y a los informáticos durante toda la tarde.
Al final, su tenacidad logró que la máquina superara «con éxito» el primer tramo de la prueba. «Hemos llegado a la segunda parada de Landaverde y todo va bien», confirmaba ayer a última hora Mikel Beitia. Tanto es así que los responsables de la línea tienen la intención de llevarlo hoy por Duque de Wellington hasta el centro comercial Lakua para ir completando poco a poco su compleja puesta a punto. «En la siguiente jornada nos centraremos en la señalización viaria. Comprobaremos si funciona con normalidad», adelantó el técnico.