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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Álava

07.10.08 -

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«Parece un gusano, pero ¡qué bonito es!»
Curiosos observan el metro ligero. / I. ONANDIA
«Mira Maite, ya sale, yo me montaba ahora mismo». Con esta mezcla de entusiasmo e impaciencia saludaba Gari González, de 11 años, el primer atisbo del tranvía. Junto a su madre, Maite Ramos, esperaba desde hacía más de media hora a que asomara desde su refugio de las cocheras de Landaverde. «Hemos venido porque Gari tenía mucho interés en verlo antes de entrar a la ikastola, ni he fregado», reconocía Maite. Como ella, una decena de curiosos aguardaban con expectación la oportunidad de asistir a lo que algunos calificaron como «un momento histórico en la ciudad».
Veinte minutos más tarde de lo previsto, a las 14.50 horas, el convoy hizo su aparición ante el aprobado general. «Parece un gusano, pero ¡qué bonito es!», elogiaba Maite mientras Gari inmortalizaba el momento con el móvil. «Más incluso que el de Bilbao», añadía Alfonso Cardesín. Acompañado por su mujer, Nekane Echarte, y su hija Maialen, reconocía que usarán el tranvía «porque quitarán la línea de autobús de Txagorritxu, y coger el coche para ir hasta el centro es una locura, aunque deberían mejorar las frecuencias de los urbanos».
También prometían probarlo a la menor oportunidad Alfredo Duran y Felisa Prado. Este matrimonio vive en Sansomendi, y el primer viaje en pruebas del tranvía les pilló por sorpresa mientras daban su paseo diario. «Va a venir muy bien, parece cómodo y economizará mucho. Antes de criticarlo, hay que verlo y luego ya hablar».
Para Eladio Filloy, la seguridad de la obra está garantizada. «Yo he trabajado muchos años en obras públicas y me he ido fijando en las del tranvía. Por lo que he visto, lo están haciendo bien». Sin rebatir ese punto, para Ángela Fernández lo peor son «todos los postes que se necesitan. En Lovaina, donde vivimos, han puesto un montón y no queda muy bien». Pese a todo, junto a su marido, José María Mariaca, se resistía a marcharse. «Con el gustazo que me iba a dar verlo arrancar y moverse... ya le diré a mi nieta que he sido de los primeros en verlo».
Como las suyas, las ilusiones de las varias decenas de personas que se fueron acercando a medida que pasaba la tarde decaían. Los minutos corrían imparables y, salvo los diez primeros metros, los vagones no daban señal de avanzar ni un milímetro más. «Llevo desde las dos y media esperando, han pasado tres horas, cada dos por tres dicen que arranca y nada», se lamentaba Luisa Ruiz. «Igual es que se han quedado sin electricidad», respondía con sorna otro espectador. La espera hacía mella en los ánimos. Muchos optaban por marcharse y volver otro día. Y es que desconocían que el primer convoy no arrancaría hasta las siete y media de la tarde.
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