En horario matinal (12.30 horas) inicia hoy su singladura liguera el TAU de Dusko Ivanovic. Avalado por su anterior y exitoso lustro más el añadido anímico de la Supercopa de Zaragoza, el cuadro vitoriano se sumerge en una aventura que le llevará por toda la geografía con un objetivo, tratar de revalidar la corona obtenida hace unos meses.
La empresa, repasados los movimientos de unos y otros, se presenta ardua. Sobre todo si se hace caso a los nombres. El Barcelona ha tirado la casa por la ventana por segundo año. El Real Madrid ha taponado las vías de agua que le salieron en primavera. El Unicaja lo ha fiado al mejor entrenador español del momento. Y hasta el Pamesa y el Joventut presentan bastante buena pinta.
Mucha competencia, por tanto, para un maratón que empieza en Mahón. En el idílico enclave menorquín, un remanso de paz de refinado aire británico, el Baskonia tratará de grabar su primera muesca de una fase regular en la que lo importante pasa por aguantar en el primer pelotón e ir limando todas las fisuras. Porque lo de quedar campeón al término de las primeras 34 jornadas -con el teórico premio de la clasificación directa a la Euroliga- ya no se sabe si se llevará a cabo o no con todo el galimatías que impregna estos días al baloncesto español. Todo indica que la marejada continuará por la disparidad de intereses creados.
Incómodo
Pero volvamos al partido. Con la ausencia conocida de Tiago Splitter, quien sigue penando su rotura de fibras, el Baskonia afronta un duelo de esos que incomodan. Si el sosiego distingue la vida en Menorca, su pabellón entraña lo opuesto. Siempre lleno, el ruido suele ser ensordecedor. Sus aficionados aprietan de lo lindo.
Hasta la fecha, durante la pretemporada, ya ha dado alguna muestra de por dónde transcurrirá su propuesta baloncestística. Ivanovic pretende dirigir una lija defensiva. Un grupo inmisericorde que baje el centro de gravedad, presione las líneas de pase como si le fuera la vida y achuche al rival se llame como se llame. Luego, adelante, la sistematización y la calidad innata de muchos de sus pupilos deberían hacer el resto.
Bajo el mando de Prigioni, Mickeal y McDonald durante el mes de simulacros, será interesante comprobar cómo marcha la evolución de los más rezagados. Esto es, Shakur y Barac. Ambos han mostrado dificultades para engancharse al tren azulgrana. Deberán espabilar si no quieren quedarse atrás. Especialmente el base, quien ya mejoró un puntito el pasado martes frente al vecino Bruesa.
Enfrente, un conjunto que acabó de pena la campaña pasada y que este verano tampoco lo ha hecho mucho mejor. Dirigido una vez más por el incandescente Ricard Casas, el ViveMenorca ha renovado muchas de sus líneas. El croata Mario Stojic aguanta como líder moral del grupo, pero cuentan con otros activos. Por ejemplo, este verano aterrizó Bud Eley con la misión de candar la zona. Con él, Vladimir Boisa, quien curiosamente se formó como jugador a las órdenes de Neven Spahija. Y atención a su base, Pooh Jeter, a quien los entendidos ensalzan sin rubor.