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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Economía

Crisis económica mundial

El plan de Bush para evitar el 'crack', dotado con más de medio billón de euros, calma los mercados pero disparará el déficit público

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El Congreso de EE UU puso fin ayer al culebrón que ha sacudido los mercados financieros de todo el mundo desde hace dos semanas, cuando el secretario del Tesoro, Henry Paulson, acudió en busca de 700.000 millones de dólares (medio billón de euros) para detener el colapso de la banca. La ley que fracasó el lunes vio la luz ayer en la Cámara de Diputados, tras azucararla el Senado con 150.000 millones de dólares en ayudas fiscales de todo tipo para hacerla más populista.
«Ha sido un voto muy importante pero muy impopular», admitió ayer la portavoz del Congreso, Nancy Pelosi, con la promesa de que «esto es sólo el principio de nuestro trabajo». «No nos vamos a quedar en la superficie. Hemos visto cosas que nunca pensamos que fuéramos a ver. Ahora es el momento de mirar adelante para evitar que se repitan». Pelosi culpó del «caos» a unos mercados «indisciplinados y sin supervisión» y prometió ajustarse el cinturón para no añadir más deuda. El astronómico plan de rescate, que elevará la deuda pública de EE UU a 11,3 billones de dólares, tenía que salir adelante no por el Dow Jones de Wall Street, «sino por el señor y la señora Jones de Main Street», añadió. El rechazo de la ley habría tenido para ellos implicaciones «terribles».
Mientras hablaba, los 'brokers' del parqué neoyorquino detuvieron la compra y venta de valores para arremolinarse frente a las pantallas de televisión y escuchar atentamente sus palabras. No les debieron gustar demasiado. Los ciudadanos de a pie que han visto caer sus ahorros en los fondos de pensiones por los azotes de la Bolsa tal vez respiraban más tranquilos, pero el índice Dow Jones, que había subido más de cien puntos a lo largo de la mañana ante la expectativa de cerrar capítulo, acabó con 157,47 puntos a la baja (-1,5%). Mejor les fue a los accionistas de Wachovia, el cuarto banco del país pero cuyo futuro pendía de un hilo. Sus títulos se revalorizaron tras anunciar Wells Fargo su adquisición.
El lunes faltaron 12 votos para llegar a los 218 que se necesitaban. Ayer se sumaron 58 más, de los que 26 procedían del partido republicano en el poder y 32 de la oposición demócrata, que ha aportado el grueso de la votación, por lo que el resultado final fue de 263-171. «No creo que los que votaron en contra el lunes y la han aprobado hoy deban pagar ningún precio político», observó el líder republicano Roy Blunt «porque ésta no es la misma ley que rechazaron el lunes. Es la misma cantidad para los mercados financieros pero distinta ley».
Además de la inversión de 700.000 millones de dólares para comprar la deuda de mala calidad de los bancos, el plan contempla desgravaciones y otros incentivos a empresas y particulares que inviertan en energías renovables o investigación y nuevos mercados, así como a pequeños comercios y establecimientos hosteleros que hagan mejoras. También en el capítulo fiscal, millones de contribuyentes con rentas medias quedarán exentos de la llamada Tasa Mínima Alternativa.
Entre las medidas destinadas a reforzar la confianza en el sistema bancario, destacan la elevación de 100.000 a 250.000 dólares de los depósitos garantizados en caso de quiebra y la concesión a los contribuyentes de derechos de compra de acciones para que se beneficien si una empresa se recupera. La ley limita los ingresos de los directivos de las firmas que se beneficien del programa y penaliza a las empresas que paguen más de medio millón de dólares anuales a sus ejecutivos.
Nuevos retos
En su comparecencia ante los periodistas, Blunt confesó que «la última vez que me comí unas verduras fue hace dos semanas», y aseguró que desde entonces ha trabajado de día y de noche alrededor del Congreso. «La primera llamada de todas las mañanas era con los líderes de mi partido. El senador John McCain me telefoneó el otro día a las 3 de la madrugada porque estaba en la costa Oeste. El presidente me preguntó ayer 'a quién más puedo llamar' (para convencerle). Todos hemos hecho lo que hemos podido».
Tan pronto como pudo rubricar la ley, Bush aseguró que con ella «ayudaremos de manera valiente a que la crisis en Wall Street no se extienda por todo el país». El presidente subrayó que no es partidario del intervencionismo, pero que dada la gravedad de la situación, «era necesario actuar». En cualquier caso, recordó que «nuestra economía sigue afrontando serios retos».
La siguiente preocupación de los legisladores es corregir la falta de regulación que permitió la orgía económica de Wall Street en las últimas décadas y convirtió a toda la sociedad en rehén de sus desmanes. Eso es también lo primero que preocupa a la banca, pero no lo único.
El plan, que empezó con menos de tres folios y ha acabado con más de 400 páginas, deja un amplio número de incógnitas sobre cómo será el proceso para valorar los activos de deuda 'tóxica' que han congestionado la línea de crédito hasta paralizar los préstamos interbancarios. Paulson tiene amplia discrección para decidir qué empresas podrán beneficiarse del plan. El secretario del Tesoro ha prometido empezar a actuar rápidamente con el primer paquete de 350.000 millones de dólares que le entregará el Congreso, y el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, trabajará con él mano a mano. La nueva ley, se congratulaba ayer Bernanke, «es un paso crítico para la estabilización de nuestros mercados financieros y para garantizar el flujo crediticio a familias y empresas». Según los analistas, la Reserva Federal contempla bajar los tipos de interés en su próxima reunión para reanimar a los mercados.
Si bien la inflación es ahora, con esta gigantesta emisión de deuda pública, un nubarrón más negro, ayer fue el paro el indicador que más amenazaba tormenta. Septiembre ha registrado la mayor pérdida de empleos en cinco años y medio, tras quedarse en la calle 159.000 personas, en el noveno mes consecutivo de contracción. Mucho peor de lo que habían sugerido los agoreros analistas de Wall Street, que habían puesto la cifra en 100.000 empleos menos.Todos los sectores se han resentido de este ajuste excepto el Gobierno, que ha añadido 9.000 puestos a la bolsa de trabajo y promete aguantar la economía con el astronómico plan sin precentes aprobado ayer.
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