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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Cultura

XXXIII Festival Internacional de Teatro de Vitoria
ALBERT BOADELLA DIRECTOR DE TEATRO

El capitán de Els Joglars considera al público vitoriano «como uno de nuestros mejores clientes; es exigente y no es sencillo sorprenderlo»
04.10.08 -

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«Mis enemigos llenarían un polideportivo»
Els Joglars presentarán el 10 y 11 de octubre en Vitoria su última obra, donde llevan a escena problemas como el cambio climático. / EL CORREO
'La cena' se desarrolla en distintos ámbitos centrados en el tema del medio ambiente y del cambio climático. Els Joglars, dirigido por el siempre ingenioso y mordaz Albert Boadella, critica la impostura e irrita a los poderes establecidos. La compañía catalana regresará a la capital alavesa el 10 y 11 de octubre con una nueva propuesta; lleva a escena los problemas más actuales y los desnuda ante el público mostrando una verdad que incomodaría al mismísimo Al Gore. Pese a todo, su sentido del humor le puede y no duda en sonreír al reconocerse un pícaro que siempre guarda un as en la manga.
-Vuelve a Vitoria. ¿Tanto le gusta el público alavés?
-Nosotros consideramos al público de Vitoria como uno de nuestros mejores clientes. Conocen nuestra historia por lo que captan rápidamente nuestras insinuaciones. Eso tiene sus ventajas, y también sus inconvenientes, porque es un público exigente y no es sencillo sorprenderlo.
-¿Qué preguntas pretenden que se haga el público alavés cuando vea 'La cena'?
-Lo esencial es preguntarnos si nos están tomando el pelo con estos temas medioambientales. ¿No será todo una cortina de humo para autojustificarse desde el punto de visto político, e incluso generacional? Por un lado se glorifica el consumo y se dice que si baja se hunde la sociedad, y por otro se habla del cambio climático y la destrucción paulatina del planeta.
-¿Y quién destruye el planeta?
-Pues desde luego no los africanos, si no el mundo consumista. Hay una enorme impostura.
-Esa obsesión por la salvación del planeta, ¿puede acabar esclavizando a la sociedad?
-En la obra mostramos cómo esa obsesión se convierte casi en religión y a través de ella surge toda la parte antropofágica de la obra. Al final, los consumistas nos consumiremos los unos a los otros y así equilibraremos el planeta. Mucho cuidado porque todo esto se puede convertir en nuevas formas de intolerancia.
-¿De dónde saca el valor para enfrentarse continuamente a lo políticamente correcto?
-Sigo la tradición de mi oficio. Mis antepasados del gremio seguían esta línea. Una de las personas que más admiro e incluso me siento vinculado, Moliere, se enfrenta a todo. Se atrevió incluso con los médicos, y meterse con ellos en aquel momento era complicado.
-¿La comedia funciona bien en España porque es un país que da risa?
-Los españoles tienen sentido del humor, aunque se tomen muchas veces las cosas a la tremenda. A veces es un humor sarcástico, agrio, agridulce. El día que España pierda el sentido del humor lo habremos perdido todo.
-Zapatero dice en Estados Unidos que somos los mejores. ¿Estaba haciendo comedia?
-No. Si hiciera comedia me caería más simpático, el problema es que se lo cree, y eso me da una cierta inseguridad. Si fuera una estratagema que forma parte de una determinada estrategia, me sentiría más seguro.
-Estamos en crisis. ¿No deberíamos pedir ayuda a los cómicos, que están muy experimentados en ella?
-Ja, ja, ja. Nuestra crisis ahora no es nada comparada con la que se nos viene encima. En este momento los cómicos somos las personas más entrenadas para afrontar la hecatombe.
«Logran que te censures»
-Para lograr la independencia política, ¿debería el cómico pasar de subvenciones?
-Hoy no hay casi nada que no esté subvencionado. La sociedad se ha acostumbrado al proteccionismo. Y la subvención es una fórmula que crea un tributo de vasallaje en el artista. Hay una cierta coacción frente a la libertad, porque uno raramente muerde la mano del que le da de comer.
-Durante la dictadura existía la censura y ahora, ¿la autocensura?
-Sin duda. La diferencia entre la democracia y la dictadura un poco es ésta. Durante la dictadura te censuran a la fuerza, y en democracia logran que te censures tú mismo.
-Si invitáramos a cenar a todos los enemigos de Albert Boadella, ¿tendríamos que utilizar un restaurante muy grande?
-Llenarían un polideportivo.
-Menos mal que tiene sentido del humor. ¿Qué le hace reír?
-Yo me río mucho. Soy casi un vicioso de la observación de las chorradas ajenas, sobre todo aquellas que están hechas por los más poderosos.
-Se lo tiene que pasar en grande.
-Hombre, hay momentos inenarrables, muy divertidos si uno tiene el ojo puesto en estas situaciones. El ridículo de los menos poderosos resulta patético y triste, su desgracia no invita a la comicidad, pero la estupidez de los poderosos es uno de los espectáculos más divertidos. Es una perversidad que me encanta.
-De pequeño fue monaguillo, ¿qué le enseñó la Iglesia?
-Podríamos decir que me enseñó el teatro. En aquel momento el ritual eclesiástico era muy importante, se daba mucho relieve a lo que era el rito. Las misas del cura apocado, buena persona, no tenían audiencia, y las del canalla y locuaz, sí.
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