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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

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DE CUANDO EN CUANDO

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No pertenezco al grupo de los cabezones del volante y utilizo el coche sólo en contadas y necesarias ocasiones. Y en una de esas ocasiones, hace pocos días, observé que circulaba delante de mí, una moto con dos tripulantes, un joven que conducía y una joven que iba de paquete, vocablo que el diccionario define como la persona que va en moto detrás o al lado del conductor. Esta escena se ve muy a menudo y sobre todo en épocas veraniegas.
Yo contemplaba a aquella pareja de la moto, él conduciendo y ella de paquete, y me daba envidia uno de ellos. Me refiero, naturalmente al conductor, porque siempre he tenido ilusión por conducir una motocicleta, pero nunca tuve oportunidad de poseer uno de estos vehículos y me he quedado con las ganas. No pude hacerlo de joven, porque no me llegaba el presupuesto y ya de veterano porque no estaba para esos trotes y preferí la comodidad del coche.
En cambio no me dio ninguna envidia la joven que viajaba de paquete, porque lo he probado una sola vez y juré no volver a repetir la aventura. Fue hace ya algunos años, mientras veraneábamos en el simpático pueblo alavés de Barambio. Tuve que ir a hacer un recado a Bilbao y como el médico del pueblo tenía que ir también a la capital en su magnifica motocicleta, se ofreció amablemente para llevarme y traerme.
Dicho y hecho, acepté el ofrecimiento, me coloqué detrás del galeno, me agarré a su cintura y se inició el viaje. No digo que el conductor hiciese ninguna audacia, porque condujo con prudencia todo el viaje, pero no es lo mismo manejar la máquina que ir de paquete. El conductor tiene la tranquilidad de dominar la moto pero el pobre paquete que no goza de esa ventaja, las pasa canutas. Al menos yo les puedo asegurar que las pasé canutas.
Cuando llegamos a Bilbao y me preguntó qué me había parecido el viaje, me limité a contestarle «Estupendo. Tienes un cogote precioso». Y no le mentí ni exageré lo más mínimo, porque lo único que pude ver durante todo el recorrido fue el cogote de mi amigo el médico.
No creo necesario decirles a ustedes que el viaje de vuelta lo hice en autobús.
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