En un gesto inesperado y que rompe la tónica seguida hasta ahora por la Justicia rusa en relación con la rehabilitación del último zar, Nicolás II, y su familia, el Presídium del Tribunal Supremo de Rusia reconoció ayer por fin a la familia real como víctima de la represión bolchevique.
La gran duquesa María Vladímirovna Románova, máxima representante de la Casa Imperial rusa, llevaba años buscando sin éxito esa rehabilitación. El argumento esgrimido hasta ahora para rechazarla era que «no hubo orden escrita de llevar a cabo la ejecución, ni tampoco sentencia».
El último zar ruso, su esposa, la zarina Alejandra, sus cinco hijos, el médico de cámara y los criados fueron fusilados en la noche del 16 al 17 de julio de 1918, según la Fiscalía rusa, por un puñado de «delincuentes comunes». Sin embargo, se conservan testimonios de varios personajes, entre ellos Nadezhda Krúpskaya, la compañera de Lenin, que aseguran que el comisariado del Ejército Rojo en los Urales «recibió órdenes concretas de Moscú, ya el 14 de julio de 1908, de lo que tenían que hacer con el zar y los suyos».
El 8 de noviembre del año pasado, el propio Tribunal Supremo de Rusia se ratificó en el fallo dictado en 2006 por la Fiscalía General, en el que se afirma que no existen documentos ni prueba alguna de que aquel magnicidio fuera la ejecución de una sentencia por motivos políticos. La gran duquesa llegó a amenazar con acudir al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo.
El abogado de la Casa Imperial, Guerman Lukiánov, declaró ayer que «se ha hecho justicia y se ha puesto punto final en este asunto». La Iglesia Ortodoxa rusa, que canonizó a toda la familia real como 'mártires del comunismo', también mostró su satisfacción. «Esta decisión tendrá importantes consecuencias para la Rusia moderna, pues refuerza la legalidad y restablece la continuidad histórica y las tradiciones milenarias del Estado ruso», afirmó el padre Gueorgui Riabij, secretario de Relaciones Exteriores del Patriarcado de Moscú.
Nicolás II, la zarina Alejandra, el zarévich -príncipe heredero- Alexéi y las grandes duquesas Olga, Tatiana, María y Anastasia fueron tiroteados por pistoleros en el sótano de la casa Ipátiev, en Ekaterimburgo, sin juicio previo ni defensa. Sus asesinos intentaron después quemar los cadáveres con ácido y gasolina.
Todos los cuerpos, salvo los del zarévich y su hermana María, fueron encontrados en 1979, pero no fueron exhumados definitivamente hasta 1991. Los restos de estos dos últimos fueron recuperados en agosto del año pasado. Los análisis genéticos de ADN han confirmado ya su autenticidad y queda ahora darles cristiana sepultura en el panteón real de la fortaleza de San Pedro y San Pablo, en San Petersburgo, donde están enterrados todos los zares desde Pedro I el Grande.
El edificio escenario de la matanza fue destruido en 1977 por orden del entonces presidente, Borís Yeltsin. Ahora sobre el lugar se levanta una iglesia en recuerdo de aquella tragedia.