De una u otra forma, el 'tsunami' financiero provocado por las 'hipotecas basura' afecta a todas las entidades del mundo. Pero cada institución lo vive de distinta forma, aplicando fórmulas adecuadas a su estrategia y sus objetivos. Esa realidad tiene un claro exponente en España, de la mano de los dos grandes de la banca: el BBVA y el Santander. Ambos viven la coyuntura de forma absolutamente divergente y eso se aprecia en los modelos que aplican uno y otro.
El grupo Santander se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de la actual coyuntura.
La entidad cántabra, fiel a su histórica agresividad, ha optado por mantener una posición activa y aprovechar el crack para salir de compras y crecer gracias a entidades damnificadas. Esta misma semana anunció que se ha hecho con la red de sucursales y los depósitos del banco británico Bradford & Bingley, puesta en venta por el Gobierno de aquel país tras decidir su nacionalización para evitar la quiebra. La adquisición, que alcanza los 772 millones de euros, se suma a la compra el pasado julio del 100% de Alliance & Leicester, que afrontaba problemas derivados de la crisis crediticia, por 1.575 millones.
Ambas operaciones han convertido al Santander, que ya operaba en Gran Bretaña a través de Abbey, en uno de los principales bancos de Reino Unido, con cerca de 24 millones de clientes y del 10% de los depósitos bancarios del país. Algo que ha recibido los halagos del 'Financial Times', habitualmente muy crítico con todo lo que tenga que ver con Europa.
En burladeros financieros se apuesta a que el banco de Botín -sus acciones han caído un 3,8% desde el día en que quebró Lehman Brothers hasta ayer- volverá a protagonizar alguna otra operación. De hecho, su nombre aparece en casi todas al quinielas.
En la otra cara de la moneda se encuentra el BBVA, que desde la quiebra de Lehman ha subido un 0,6% en Bolsa. La entidad ha apostado, al menos hasta ahora, por mantener su modelo de crecimiento tradicional, sin dejarse llevar por iniciativas relámpago que puedan romper ese esquema de actuación . Y ello, pese a que habría tenido la posibilidad de liderar la compra de alguna entidad afectada por la crisis. Habrá que ver, no obstante, si mantiene ese modelo o acaba por llevar a cabo alguna adquisición.
No es la única diferencia. Otra relevante se centra en los efectos económicos que el terremoto crediticio tiene sobre las participadas del BBVA y Santander. Ninguna de las filiales del banco vasco está teniendo quebrantos económicos por la crisis. Sus franquicias en Latinoamérica, Estados Unidos -posee cuatro bancos en el denominado 'Sun Belt'- y su participada en China - Citic- se están librando.
Mientras, el Santander sí registra perjuicios económicos. En Estados Unidos, su gran apuesta, Sovereign -en la que controla el 24,8% del capital- ha sufrido un auténtico descalabro bursátil, lo que provoca que el grupo cántabro registre multimillonarias minusvalías en los más de 3.200 millones de dólares que tiene invertidos. De hecho, podría realizar una importante provisión de fondos para cubrir esa pérdida de valor. No es el único caso. Fortis, de la que posee el 1,8%, ha tenido que ser intervenida. Mientras, el Royal Bank of Scotland, donde tiene el 2,3%, también le ha generado serios disgustos en forma de severas pérdidas de valor.