Envolvió con papel reluciente su pretemporada el Baskonia. Le costó encontrar el tono y elegir la textura del celofán, pero cuando por fin aparcó los titubeos se pegó un atracón de los grandes en el Trofeo Diputación, último simulacro previo a la ACB. El festín lo propició su innata calidad, el óptimo estado de varios de sus efectivos, la perenne exigencia inculcada por su técnico y -razón capital ésta- que el vecino donostiarra se quitara de enmedio sin el menor atisbo de vergüenza.
Esas llamaradas tras el descanso, que redujeron la olvidable cita a monólogo, sí dejaron al descubierto varias verdades como puños. El desarrollo del 103-83, muy celebrado por los poco más de 6.000 seguidores presentes, aclaró que Prigioni continúa en gracia. A su excelente ritmo de competición une un acierto descomunal. Ayer especialmente desde la línea de 6,25 metros. También que la cura de adelgazamiento a la que se ha sometido McDonald ha dejado al descubierto un pívot de lo más aprovechable. O que San Emeterio encarna la quintaesencia de lo que se le exige a un todoterreno. La garra de Mickeal tampoco pasó desapercibida.
Las luces vinieron de ese lado. Aunque hubo otros que intentaron agradar. Sin tanto éxito desde luego. Shakur, envuelto en un halo de desconfianza desde que llegó, demostró que pese a seguir encogido también tiene algo que decir en el arte de crear juego entre los suyos e intentar destruir el del contrario. El público, además, le dedicó calurosas ráfagas de cariño.
Barac, el otro elemento azulgrana al que se mira con lupa, dejó algún que otro destello. Sólo que también constató que está muy verde, razón que no pasó desapercibida para el trío arbitral. Siempre le señalaron en caso de duda. Fue eliminado por cinco faltas en el minuto 32. ¡En un amistoso de guante blanco!
Valió la pena
Antes de la traca en la segunda mitad, el ensayo se situó en el más absoluto sopor, como acostumbran a resultar los amistosos. Hasta el ecuador, las ovaciones más sentidas fueron para un acrobático 'alley oop' de McDonald y la exhición de la joven participante en el duelo triplista del intermedio. ¡Coló nueve! El Bruesa no metió ni uno en sus primeros veinte minutos y, a pesar de ello, lideró el marcador durante varios minutos.
Al regreso de vestuarios, la cosa recuperó la sensatez. El TAU se soltó el pelo. Corrió, cerró su boquete atrás, acertó con el lanzamiento y se sintió crecer en cada posesión. Todo ante el regocijo del graderío, que por fin veía recompensado su esfuerzo de acercarse al coliseo de Zurbano.