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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 17 abril 2014

Política

Ofensiva terrorista ETA asesina a un militar

Dedicado al Ejército desde los 18 años, el brigada asesinado había sido condecorado en dos ocasiones y tenía fama de «persona buena, optimista y amante de los viajes»
23.09.08 -

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Militar «estudioso», profesional «riguroso», «buena persona», «optimista» y «amante de los viajes y de los bailes de salón». Estas cinco descripciones, en boca de quienes le conocían bien, trazan el perfil personal de Luis Conde de la Cruz, cuyo funeral se celebra hoy en Segovia con la asistencia de los Reyes y de los principales líderes políticos del país. El brigada fallecido por la explosión de un coche bomba en Santoña deja un recuerdo imborrable entre quienes compartieron con él algún momento de sus vidas. Nacido un 7 de junio de 1963 en la pequeña localidad castellana de Pinilla-Ambroz, de apenas 70 vecinos, estaba casado, tenía un hijo de 24 años y residía en la capital segoviana, en el barrio de San Lorenzo, a donde sus padres Alfonso y Estela se trasladaron cuando él era aún un crío.
Dedicado al Ejército y a la enseñanza en la Academia de Artillería de la localidad en la que residía, descubrió su «vocación» militar a los 18 años, tras ser llamado a filas para cumplir el servicio por entonces obligatorio. Conde de la Cruz decidió reengancharse y emprender una formación castrense que le llevaría un año después a aprobar los exámenes de ingreso en la Academia General Básica de Suboficiales (AGBS) de Lérida. Apenas tres años más tarde conseguiría un empleo como sargento. «En aquel entonces, eso era como sacar una oposición, y no daban muchas facilidades. Ese hombre tuvo que clavar mucho los codos», resumía ayer un compañero suyo de armas.
Sacrificado y voluntarioso, la última víctima de ETA tuvo como primer destino el Regimiento de Artillería Lanzacohetes de Astorga, aunque pronto pidió el traslado a Segovia, la ciudad a la que se sentía íntimamente vinculado y que le había visto crecer. No en vano, su esposa, Lourdes Rodao, trabaja en la capital castellana como técnico de laboratorio en el hospital general de la ciudad.
Su amor por el Ejército llevó a Luis Conde a realizar de manera continua cursos para mejorar sus conocimientos -aprendía idiomas- y tratar de progresar en su profesión. Esa tenacidad le permitió en el año 2000 ascender a brigada y ser destinado en la Jefatura de Doctrina de la Academia de Artillería. El centro suspendió ayer las clases en señal de duelo. «Era una persona hecha a sí misma y de orígenes humildes», reconocían ayer algunos de sus allegados. Quizá por la entrega y los esfuerzos que había destinado a su profesión, su único hijo, Iván, había decidido seguir los pasos de su progenitor y cursaba estudios en la misma academia. Éste debe ser su último curso antes de graduarse, según confesó ayer una cuñada del brigada asesinado, que apenas podía creerse lo sucedido. Ella misma había hablado con Conde de la Cruz el domingo por la tarde para interesarse por el viaje de vuelta que el matrimonio debía realizar ayer por la mañana. «Tenían previsto desayunar en Santoña, salir con el coche y parar a comer a medio camino, sin prisas», relató.
«Ejemplar e intachable»
En el Ejército, Conde de la Cruz tuvo siempre un comportamiento y una trayectoria ejemplares. Prueba de ello son la Cruz y la Encomienda de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo con que había sido condecorado al cumplir respectivamente los veinte y veinticinco años de dedicación «ejemplar e intachable». La última la recibió el año pasado, durante el acto conmemorativo del Dos de Mayo celebrado en el patio de órdenes de la Academia de Artillería de Segovia.
Pero su hoja de servicios sin tacha se quedaba corta al lado de sus cualidades personales. Sus amigos y compañeros reconocían, como hizo su hijo, que el brigada era ante todo «una buena persona» que destilaba «optimismo» por los cuatro costados. A cualquier contratiempo ponía una sonrisa. Incluso cuando salía de viaje, su principal afición al margen del Ejército. Apasionado por conocer otras culturas y países entre sus últimos destinos como viajero figuraban Cuba, Francia y Portugal. Este mismo verano recorrió Egipto junto a su mujer antes de decidir pasar un fin de semana en la residencia militar de Santoña para recargar pilas y romper con la monotonía del trabajo. «Ha muerto haciendo lo que más quería, viajar», confesó entre lágrimas su hijo Iván.
Su asesinato a manos de ETA dejará también un hueco imborrable en las clases de bailes de salón a las que acudía todas las semanas desde hace tres años en el mismo centro militar donde prestaba sus servicios. Luis Conde presumía de ser segoviano y le encantaba bailar y disfrutar de sus ratos de asueto. «Tenía mucho ritmo», reconocía un compañero suyo. «Luis era -proseguía otro conocido- un hombre simpático, cercano, cordial, afable y muy optimista». Un coche bomba le alejó para siempre de los suyos apenas unas horas antes de que emprendiera viaje hacia su casa tras disfrutar de los encantos del norte.
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