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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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LA RIOJA

La Romería del Primer Domingo de Septiembre se convierte, con centenares de participantes, en el preámbulo del día grande de la patrona
08.09.08 -

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Hay veces en que hasta los astros parecen confabulados para que todo salga como ha de ser. Años en los que la casualidad complica las cosas hasta la saciedad pero parece descubrir matices desapercibidos hasta entonces para los ojos de los hombres, tan alejados de los ojos del corazón. Situaciones en que las cosas casan, que suena parecido pero no es igual.
Tal día como el de ayer, pongamos por ejemplo. Quiso el calendario, tan caprichoso, que Primer Domingo de Septiembre quedase encuadrado dentro del programa de las fiestas de la Vega, a las que acostumbraba a dar paso, y la romería a la casa del patrón se acabó convirtiendo en víspera de la festividad de la patrona. Como si fuesen de la mano. Introduzcamos más matices: como si quisieran ir de la mano para estar con los suyos a un tiempo, hartos de que se les sitúe aquí y allí sin pedirles permiso ni opinión.
Fue así, pueden creerlo, y la conjunción no pudo resultar más provechosa. Porque las previsiones climáticas situaron a la propia cofradía del anacoreta de Bilibio en 'prevendam', alertados sobre la posibilidad de que los Riscos se viesen aguados por tormentas, y el escenario sobre el que se desarrolló la romería no pudo resultar más favorable. Más allá del fresco rabioso que saludó a las dianas. El cielo se mostró abierto, complaciente, y la edición de ayer fue una de las más secundadas por la parroquia.
Más a la hora de la comida, que congregó a centenares de paisanos del patrón y allegados, fuesen de donde se fuesen, que al mediodía, cuando comenzaron a celebrarse los juegos y concursos anunciados en el abigarrado programa de la jornada. La reticencia, y la resaca del sábado a medio camino en fiestas que sorprendió al alba a toda una multitud en el entorno de la plaza de la Paz, mermaron las cifras de las primeras actividades, pero no la del conjunto de la sesión.
Ésta volvió a convertirse, con razón y peso, en todo un descubrimiento, cuarta pata de un banco que sustentan, al alimón, el desfile de carrozas, la Jira al Moro y hoy, el Rosario de Faroles.
Mayor afluencia
Quiso la fortuna, por ello, que todo el mundo se lo pasase en grande. Los niños que, después de dibujar con lápiz y sobre papel, corretearon en sacos sobre las campas a la desesperada; los cocineros que participaron en el concurso de condimentación de paellas, aunque el mayor alegrón se lo llevó la sección femenina de la Peña 'Los Veteranos', que ganó el certamen gastronómico de calle; el gentío que hizo fila para llevarse al buche una cazuelilla de barro con las patatas con chorizo que prepararon los voluntarios de la Cofradía de San Felices, una ración de productos de la casa o un vermú con el que refrescar el gaznate a eso de la una y media, cuando comenzaba a calentarse el ambiente y a alegrarse los corazones ante una jornada memorable.
Puede que también Felices, impertérrito sobre los Riscos de Bilibio, que parecía sentirse satisfecho de haber asistido al convite de horas después y dejaba en manos de su vecina, Vega, el control de lo que aún está por pasar.
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