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Investigadores valencianos relacionan las melancólicas obras de Beethoven con una intoxicación provocada por el plomo del vino
05.09.08 -

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El veneno de la tristeza
El carácter de Beethoven pudo ser provocado por el plomo. /E. C.
«La cosa más triste jamás dicha con notas». Richard Wagner eligió estas palabras para describir uno de los últimos cuartetos de Ludwig van Beethoven, el Opus 131. Su etapa final contiene múltiples ejemplos de melancolía, incluso síntomas depresivos y de irritabilidad.
Dos investigadores de la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia, Vicente Rodilla y Carlos Garcés, han estudiado las obras finales de Beethoven y las han relacionado con el hallazgo de altos niveles de plomo en los cabellos del compositor.
La principal conclusión de los profesores valencianos es que esta «intoxicación por plomo» podría marcar la última época del compositor alemán, en la que se aleja del romanticismo y da muestras de ira y desesperación.
Pero también estaría en el origen de bruscos cambios musicales, como en su última sinfonía, la Novena, «que es triste al principio y después tiene el 'Himno de la Alegría'» en su cuarto movimiento. Está documentado que Beethoven (1770-1827) era irascible, su humor se alteraba con facilidad, tenía una conducta antisocial y se aislaba. Rodilla, profesor de Toxicología, sostiene que Beethoven podría padecer «saturnismo, por una elevada exposición al plomo». De este modo se explicaría ese carácter iracundo. El descubrimiento de este metal pesado en los restos del maestro (confirmados por el ADN) data de hace ocho años. En realidad, matiza Rodilla, los investigadores buscaban rastros de mercurio que, procedentes de un supuesto tratamiento contra la sífilis, habrían explicado la sordera del compositor.
El mercurio no apareció, pero sí el plomo. Estudios posteriores confirmaron una presencia del metal cien veces superior a la normal. Las fuentes de la intoxicación serían los diferentes tratamientos que recibió el músico en sus últimos años.
Sufrió múltiples punciones por la hinchazón de su vientre y el plomo se utilizaba en los apósitos y vendajes contra las infecciones. «Aunque no podemos decir que fuera alcohólico, se sabe que Beethoven bebía grandes cantidades de vino y en la época se adulteraba con plomo porque le daba más dulzor», argumenta Rodilla, que toca la tuba en la Banda Primitiva de Llíria.
Además del vino blanco del Rin, el plomo del cristal (hasta un 25%) y el de un balneario visitado por el compositor, explicarían su intoxicación. Otros síntomas refuerzan este «envenenamiento», como los «cólicos, dolores articulares y de cabeza y su extraño comportamiento».
Vicente Rodilla y el profesor Carlos Garcés, también muy aficionado a la música y tenor lírico, han reunido diferentes opiniones que coinciden con sus tesis. Así, el pianista Edwin Fisher destacó de la Sonata número 12, conocida como 'Marcha Fúnebre', que supone «una de esas obras psicológicas en las que Beethoven enseña sus expresiones íntimas y realiza una manifestación muy personal y profunda». Y de la Novena, cuando el autor ya estaba en su peor estado físico y el dolor se agravaba, el mismo Berlioz resaltaba su «majestuosidad sombría, que mueve el alma a lo más profundo».
Los investigadores valencianos situarían hacia 1810 el comienzo de esta etapa de tristeza, que emergería aún más al acabar sus días. «El dolor ya afectaba a su mente en los años finales de su vida», apuntan Rodilla y Garcés.
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