La Caja Vital, que ahora puede quedarse sola si prospera una convergencia a dos bandas entre la BBK y la Kutxa, ha sido estos últimos años la pieza codiciada por todos para poder avanzar -o frenar- el proceso de fusión de las cajas. El peculiar equilibrio político alavés otorga gran importancia estratégica a quien controla la entidad de ahorro y a su decisión de sumarse o no a un proyecto común.
En los largos años de control nacionalista del territorio y de la entidad, el proceso de fusión no llegó a cuajar pese a que las tres cajas estaban en manos peneuvistas. Una situación que se quebró en el año 2000. La entente entre PSE y PP apeó entonces al PNV del poder en la Vital y la alianza de los dos partidos constitucionalistas marcó el rumbo de la entidad durante ocho años.
Sin embargo, el progresivo deterioro de las relaciones políticas entre populares y socialistas en toda España facilitó un cambio de estrategias. Ambas formaciones impulsaron listas diferentes en las elecciones a la caja y el PP hizo bandera, precisamente, de su oposición rotunda y radical a la fusión de las cajas vascas, bajo el lema 'Vital Sí'. El PNV defendió abiertamente la convergencia y el PSE no se pronunció de forma oficial.
La lista cercana a los populares ganó los comicios entre los impositores, pero no llegó a cuajar una minoría de bloqueo que pudiera impedir la fusión. Pese a ello, la representación mayoritaria en la asamblea la ostenta el PNV, que controla 39 de los 100 miembros, por 25 el PP y 22 el PSE. CC OO, ELA, LAB y dos listas independientes agrupan los 14 asambleístas restantes. Los nacionalitas son ahora la minoría mayoritaria, pero dentro de dos años, tras la próxima renovación parcial de los representantes institucionales, pueden hacerse con la mayoría absoluta. Sin embargo, no llegarán a los dos tercios necesarios para sacar adelante sólos una hipotética fusión.
Pese a la victoria jeltzale, la presidencia volvió a recaer en Gregorio Rojo. PNV y PSE lograron un pacto que se la otorgaba al representante socialista y reservaba dos vicepresidencias para los peneuvistas, una de ellas con responsabilidad al frente de la importante obra social. El acuerdo, sin embargo, dejó al margen la fusión y se limitó a un mero reparto de poder.