Una hermética caja de cristal, reflectante y diseñada a medida, custodiará a partir de 2009, en Betoño, el centro documental de la cultura vasca más rico del mundo. Promovida por la Caja Vital, la construcción de la nueva sede de la Fundación Sancho El Sabio -alojada ahora en el Palacio Zulueta, en La Senda- ha entrado en su recta final. Roberto Ercilla, autor del proyecto junto a Miguel Ángel Campo, dirige a EL CORREO en una exclusiva visita guiada por el audaz 'envase' que han concebido para la mejor biblioteca sobre la historia y la cultura de Euskadi.
El binomio pretendido por los arquitectos entre la contemporaneidad y el pasado -el mismo que representa la naturaleza de la fundación- se comprende en un primer vistazo al edificio: una urna de cristal de ocho metros de alto que cubre el inmueble neogótico en donde las monjas Carmelitas del convento de Betoño daban sepultura a las hermanas fallecidas. «No estaba catalogado y, por tanto, no teníamos por qué conservarlo. Sin embargo, apostamos por rescatar nuestro patrimonio que, en este caso, simboliza la memoria histórica a preservar», explica Ercilla.
Como si se tratara de un castillo medieval, una especie de foso de tres metros de ancho por tres de alto separa el delicado envoltorio -la estructura de vidrio- de los muros del antiguo camposanto. Es el «truco» para bañar de luz natural el sótano, que atesorará el verdadero corazón de la prestigiosa institución.
Cubos para despachos
Para descender allí es preciso atravesar el 'puente levadizo'. En realidad, la urna, primero, y, después, el viejo acceso al antiguo camposanto a través de un arco de piedra. Una vez dentro, la primera imagen que tendrá el visitante será un claustro iluminado por una claraboya central, convertido ahora en vestíbulo y zona de exposiciones. En total, una superficie construida de 580 metros cuadrados. Bajo la arcada encontrará la recepción y despachos alojados en cubos de madera.
Al fondo, la girola que servía a las religiosas de capilla se ha utilizado de forma hábil para descender al sótano mediante unas escaleras de caracol que trasladan al visitante al mismo 'foso'. En realidad, un pasillo que forma parte de los más de 2.000 metros que ocupa la planta soterrada y que también es de forma cuadrada.
De ellos, en torno a 300 se reservan para el espacio público de consulta, que se ha habilitado en uno de los cuatro vértices del piso. Este área, junto a la de la sala de actos, con capacidad para 44 personas, y excavada bajo el mismo claustro, serán las únicas que puedan pisar las personas ajenas. El resto será de acceso restringido a los doce trabajadores de la Fundación Sancho El Sabio. Se trata de las zonas de archivo documental, restauración y digitalización de sus gigantescos fondos, integrados por alrededor de 80.000 libros, documentos, publicaciones y soportes fotográficos, únicos en su género, y que cada año atraen hasta Vitoria a decenas de estudiosos de todas las partes del mundo para consultarlos.
Complejidad técnica
«La mayor complejidad de este proyecto ha residido, precisamente, en las especiales condiciones de temperatura y humedad -hay hasta tres distintas- que precisan esos fondos para asegurar su perfecta conservación», cuenta el arquitecto. El desafío técnico no sólo afectaba al edificio en sí -«completamente impermeabilizado hasta en sus cimientos para garantizar su estanqueidad»-, sino también a la zona sin duda más sensible, la de almacenaje.
El resultado es un auténtico búnker al que se accede a través de una esclusa formada por dos dobles puertas cortafuegos, y dotado en su interior de un sistema de extinción de fuegos a base de gas. «El agua arruinaría los fondos, entre los que hay incunables», recuerda Ercilla.
Rematada ya la parte constructiva, el edificio, que superará los tres millones de euros, está a falta de ser rematado con estuco blanco y resinas en gris azulado, y amueblado con elementos diseñados a medida y acabados en madera de arce. «Estará listo para final de año», asegura el arquitecto.
Ilusionada ante el estreno de una sede «con gran personalidad y encanto, y a la vez funcional», la directora de la Fundación Sancho El Sabio, Carmen Gómez, confía en completar el traslado de los fondos en enero de 2009 para iniciar nueva etapa «durante ese mismo mes o a lo largo de febrero».