-¿Qué sensación le provoca ver a Iñaki de Juana en la calle?
-No sé si hay mucho que decir de la salida de la cárcel de un hombre que ha cumplido su condena. Supuestos equiparables a éste se han producido muchos en los últimos diez años y casi nunca ha habido declaraciones. Hubo incluso un excarcelado que volvió a matar, uno de los asesinos del concejal Juan Priede en Orio. Y nadie dijo nada.
-Pero lo cierto es que se ha suscitado un intenso debate social y, sin embargo, el Gobierno vasco y el PNV apenas se han pronunciado. ¿Por qué esa reticencia?
-Como comprenderá, no me produce absolutamente ninguna simpatía el personaje. Ninguna. Ya antes ha habido criminales que han abandonado la cárcel con penas relativamente cortas y nunca se había generado esta agitación social. No sé si es necesario, pero si hay que pronunciarse lo hacemos. La cárcel no es una instancia de recuperación moral. Se haya arrepentido o no, si no vuelve a cometer los desaguisados que cometió, la sociedad debe darse por satisfecha. Hay una máxima básica en derecho penal: 'Cogitationis penam nemo patitur'. Nadie puede ser condenado por lo que piensa.
-¿Eso quiere decir que comparte la advertencia de Miren Azkarate sobre la posible «construcción» de nuevas imputaciones?
-Hombre, quiero pensar que nadie está a favor de construirlas, tampoco el ministro que lo dijo en su día. Veo en sus palabras una protesta por lo que se hizo en el pasado y una llamada de atención para que no se vuelva a producir, desde el más absoluto respeto a lo que hagan los jueces. Si alguien ha visto indicios de delito, lo lógico es que se investigue. Yo no los he apreciado pero tampoco he analizado la carta en profundidad.
-¿A De Juana le recomendaría que se vaya lejos como hizo Egibar o que pida perdón como Anasagasti?
-Ambas cosas. Que se fuera, a ser posible después de haber pedido disculpas y de haber expresado público arrepentimiento.
-¿Sería el PNV partidario de hacer reformas jurídicas para evitar que un ex preso de ETA pueda vivir junto a las víctimas de la banda?
-Ya hay algunas sentencias que contemplan previsiones de alejamiento del reo con respecto a las víctimas. Siendo esto así, no sé si son necesarias reformas. Se ha alarmado a la opinión pública diciendo que es inaplazable acometerlas, pero es posible evitarlo de otro modo. En Argelia, por ejemplo, se han dado experiencias modélicas de reconciliación por parte de víctimas que incluso han sido capaces de acoger a terroristas arrepentidos y convivir con ellos. Esto sería imposible aquí, pero es esencial que haya un pronunciamiento singular en cada caso.
-A pesar de las condenas, ¿no existe cierta frialdad en el nacionalismo institucional hacia las víctimas? A Benjamín Atutxa, por ejemplo, el Gobierno vasco le trasladó su solidaridad mediante una secretaria.
-Si existe suficiente calor o no deberían decirlo los propios interesados. Si algunos se han quejado de eso no hay nada que objetar si así lo sienten. Pero eso no quiere decir que el lehendakari sea indiferente al sufrimiento de las víctimas. Bajo ningún concepto.
-En todo caso, las acusaciones de tibieza han resurgido con fuerza.
-En boca del PP no nos extrañan esas acusaciones. En el PSOE nos sorprenden. Esperamos de los socialistas que no cedan a la tentación de arrojar sobre el PNV ahora toda la basura dialéctica que el PP lanzó sobre ellos.