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Economía

ECONOMÍA

Hace un año comenzó, de la mano de las 'hipotecas basura', el terremoto económico que ha llevado a Occidente al borde de la recesión
10.08.08 -

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La madre de todos los males
Carteles como este de una casa de Chicago pueblan Estados Unidos de costa a costa. /EFE
Agosto de 2007 se ha convertido, por culpa de unas hasta entonces desconocidas 'hipotecas basura', en el símbolo de una nueva época marcada por la desconfianza y el fin de uno de los períodos de expansión más dilatados de la historia.
¿CÓMO EMPEZÓ TODO?
Hay unanimidad sobre el origen, Estados Unidos, pero no sobre las fechas. Unas fuentes consideran que el desplome arrancó en diciembre de 2006, cuando un banco hipotecario de California especializado en productos de alto riesgo dijo adiós a sus clientes. Otras hablan de unos meses después, en abril, cuando New Century, una firma que concedía créditos a clientes sin posibles se declaró en suspensión de pagos. Y otras, por fin, de los albores del pasado verano, después de que el banco neoyorquino Bearn Stearns comunicara a los partícipes de dos fondos de inversión que debían despedirse de recuperar su dinero ya que suscriptores de préstamos de escasas garantías habían dejado de pagar, agobiados por la subida de tipos en Estados Unidos y por la depreciación de sus viviendas.
¿QUÉ SON LAS 'SUBPRIME'?
Son créditos bancarios, a un precio superior al habitual, que se otorgaron a clientes con poca solvencia económica y un dudoso historial en el cumplimiento de sus obligaciones crediticias. Compraron casas sin mesura, pero un día el mercado se enfrió, sus propiedades empezaron a perder valor y ellos comenzaron a no pagar las cuotas por la crisis económica que ya apuntaba. En consecuencia, los bancos cerraron el grifo a las entidades volcadas en este negocio, que veían cómo se desplomaba el valor de las residencias cuyas hipotecas ejecutaban, y éstas se vieron abocadas a la suspensión de pagos. La Asociación de Bancos Hipotecarios de EE UU estima que los pagos atrasados están en su nivel más alto en un cuarto de siglo y evalúa en 15 millones el número de propietarios que deben más de lo que valen sus bienes raíces.
¿POR QUÉ SALTARON A EUROPA?
El Viejo Continente parecía a salvo de un producto tan popular al otro lado del Atlántico que sumaba 1,3 billones de dólares de saldo vivo y que había nacido al calor del 'boom' inmobiliario estadounidense, pero el francés BNP Paribas, entre otros, anunció a comienzos de agosto la suspensión de tres fondos expuestos. Y es que muchas instituciones norteamericanas habían 'troceado' y 'empaquetado' sus 'préstamos basura' en forma de productos de inversión, extendiendo así el contagio por todo el mundo ante la impasibilidad de las autoridades encargadas de las prácticas regulatorias.
¿CUÁNDO ACTUARON LAS AUTORIDADES?
El 9 de agosto de 2007, el Banco Central Europeo inyectó 94.800 millones de euros en el torrente monetario de la eurozona para que los bancos pudieran disfrutar de un tipo más barato que el oficial y así romper la desconfianza que les llevaba a no prestarse dinero ante el temor de contaminación. El objetivo era reactivar el conjunto de la economía. Sólo fue la primera de una larga serie de intervenciones porque el interbancario, donde las entidades se dejan unas a otras en función de las necesidades, estaba seco. La Reserva Federal americana y el Banco de Japón tomaron medidas similares, en una operación superior en volumen a la que siguió a los atentados contra las Torres Gemelas, y fondos estatales de Oriente Medio y Asia entraron en bancos occidentales. En conjunto, casi 460.000 millones de euros. Pero todo ello no impidió el desplome de las bolsas mundiales. Ni que, en septiembre, el Banco de Inglaterra tuviera que acudir en auxilio del Northern Rock, entidad hipotecaria a la que sus clientes reclamaban el reembolso de sus ahorros. El Bundesbank también fue al rescate del alemán IKB por abultadas pérdidas ligadas a las 'subprime'.
¿QUÉ HA PASADO CON LOS MERCADOS FINANCIEROS?
No se han recuperado. La falta de transparencia era una de las características de las hipotecas tóxicas, de tal manera que muchas instituciones las compraron y colocaron entre sus clientes sin conocer con exactitud el riesgo asumido, lo que luego se ha traducido en un goteo de pérdidas a medida que las entidades han sacado a la luz, forzadas, sus cuentas de resultados. El huracán se ha llevado por delante a muchas aseguradoras en Norteamérica, hasta el punto de que en la economía más liberal del mundo la Administración Bush tuvo que intervenir, hacerse con el Bearn antes de vendérselo a JP Morgan por un precio irrisorio y, estos últimos días, salvar a las refinanciadoras hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae, dos entidades creadas por el Gobierno estadounidense para resolver los problemas de vivienda durante la Gran Depresión. En total, ocho bancos han ido a la quiebra y sus activos se han depreciado en 350.000 millones de dólares o, lo que es lo mismo, muchos inversores han perdido sus ahorros y la confianza en los mercados y muchos trabajadores del sector bancario han acabado sin empleo, pues los despidos han sido masivos.
¿HA AFECTADO A LA ECONOMÍA REAL?
No hay duda de que así ha sido y de que sacude a todo el mundo industrializado, desde los grandes países del G7 hasta otros como España o Irlanda, en los que el impacto de la crisis del ladrillo ha sido brutal. Los bancos siguen mirándose de reojo, no se dejan dinero y, de rebote, tampoco facilitan créditos a los consumidores, cada vez más agobiados por la imposibilidad de devolver préstamos condicionados por un euríbor rampante. Ahora, el precio oficial del dinero está en el 2% en Estados Unidos -mucho más barato que cuando arrancó la crisis, ya que era del 5,25%- y en el 4,25% en la zona euro, un cuarto de punto más caro que al desatarse el terremoto. América y Europa funcionan de manera tan distinta porque la Reserva Federal está obligada tanto a velar por la inflación como a activar la economía, mientras que el objetivo del Banco Central Europa es contener los precios, hasta ahora sin éxito.
¿HAY OTROS MOTIVOS QUE EXPLIQUEN LA CRISIS?
Sí. La especulación en los mercados de materias primas, que ha disparado los precios de los alimentos, y del petróleo -en las últimas semanas aparentemente a la baja- no han contribuido sino a agravar una situación hasta extremos en ocasiones agónicos. En suma, Estados Unidos, Europa y Japón ya no controlan la economía en un mundo en el que India o China y algunos gigantes de América Latina, como Brasil, tienen mucho que decir.
¿Y EL FUTURO?
Nadie se atreve a vaticinar qué puede pasar, máxime cuando los gobiernos, pese a tener todos los datos en la mano, no ponen fecha al fin de la crisis. El Ejecutivo español es un paradigma del desconcierto mundial, aunque, en línea con otras administraciones, cree que el principio de la recuperación se producirá a partir de la segunda mitad de 2009. Los analistas de Wall Street, donde arrancó todo, son más pesimistas, y consideran que no se verá la luz hasta finales de 2010 o, incluso, principios de 2011. Esta misma semana, el prestigioso economista y profesor de la Universidad de Nueva York Nouriel Roubini hablaba de una recesión que durará, al menos, otros 18 meses.
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