Mantener unida la patria es la principal preocupación del Partido Comunista. Vertebrar un país en el que dos puntos pueden distar 5.000 kilómetros no es tarea fácil, mucho menos cuando para conseguirlo hay que subir el Himalaya, cruzar desiertos en los que algunos vendavales pueden alcanzar los 120 kilómetros por hora, y saltar gigantescos lagos. Sin embargo, enormes sumas de dinero y esfuerzo, por no mencionar las vidas humanas que ha costado, lo han hecho posible, y son muy pocos los lugares a los que no llega la tela de araña de 75.500 kilómetros de vía férrea.
Las interminables serpientes verdes son el mejor medio para conocer las mil Chinas, algunas de las cuales se dan cita a lo largo del interior del tren. Desde la clase denominada 'asiento duro', hasta la de 'cama blanda', hay un universo. Y, por regla general, suele sobrar tiempo para conocerlo. Los emigrantes rurales copan los últimos vagones, donde el calor es sofocante en verano y el frío insufrible en invierno. Se dirigen hacia un futuro que sueñan prometedor. La vestimenta y los gigantescos bultos que transportan los delata. Algunos incluso viajan con el casco, para incorporarse directamente al trabajo en el primer solar en el que hagan falta.
En la 'cama dura', con seis literas por compartimiento, se concentran familias de clase media y estudiantes enchufados a la PSP, al MP3 o al portátil. Cualquier cosa que les haga apartar la vista de la ventanilla, y, como reconoce uno de ellos, «evitar la vergüenza que provocan muchos lugares en China». Una compañera suya reconoce que hay poca interacción de clases en su país. «Intuimos lo que hay fuera de nuestro entorno, pero no queremos ver la pobreza para impedir sentirnos culpables».
Más allá van los huéspedes de la 'cama blanda', a quienes se les evita en todo momento el mal trago de pasar por las clases inferiores. Hasta el vagón comedor queda cerca. Cuando alguno de los ilustres pasajeros se encuentra por casualidad con uno de los más desfavorecidos no suelen faltar las muecas de desagrado. Sin duda, los trenes llegan a todos los rincones, pero será necesario mucho más para unir al país. En cualquier caso, los aeropuertos serán la estrella durante los Juegos Olímpicos, no vaya a ser que el medio millón de extranjeros que se espera en la capital aparezca por casualidad en uno de los vagones de 'asiento duro' y descubra alguna de las 999 chinas que el Gobierno prefiere dejar en la sombra.