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Cultura

10.08.08 -

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Pasarela de celuloide
Gregory Peck y Audrey Hepburn, con la bailarinas de Ferragamo.
A la industria discográfica no le queda más remedio que renovarse o morir, lo cual significa que o bien se alía con Internet, o si no sucumbe ante una revolución que ha erosionado definitivamente su viejo negocio oligopolístico. Piénsese que cada segundo se descarga ilegalmente en Internet una media de treinta ficheros, la mayor parte de ellos musicales, con el consiguiente impacto sobre la cuenta de resultados de unas empresas que han visto reducir sus ventas en porcentajes superiores al 10% anual. Se trata, pues, de cambiar del soporte físico al digital o, si no, de promocionar comercialmente la compra del cada vez más viejo cedé.
No va a ser fácil competir con la costumbre social del 'todo gratis', salvo que las ventas legales por Internet incorporen numerosos bonus y tengan además un precio más que competitivo. Y, por lo que se refiere a la potenciación de la compra física de discos, tampoco queda más remedio que fidelizar a los clientes mediante un combinado del soporte tradicional con Internet, tal y como se ha hecho con la última grabación de Metallica, cuya compra daba derecho a la descarga de vídeos inéditos en la web del grupo.
O, sin ir más lejos, el último disco de Estopa, que ha promovido un concurso entre los compradores para la elaboración en Internet del videoclip correspondiente. Todo, claro, menos quedarse quietos o enfrentarse judicialmente a una revolución tecnológica que puede ser por igual el peor enemigo o el mejor amigo de una industria obligada a renovarse o morir.
MODA
El clásico Ferragamo
No es cierto que la relación con el cine de los grandes diseñadores comenzara con las chaquetas y las camisas de Armani lucidas por Richard Gere en 'American Gigolo'. Y es que mucho antes, la misma Cocó Chanel ya había trabajado en Hollywood y hasta Cristóbal Balenciaga había diseñado el vestuario para algunas de las películas de Cocteau y Litvak. Incluso, el zapatero florentino Salvatore Ferragamo llegó a ser uno de los grandes precursores de la moda en el cine.
De hecho, Ferragamo trabajó muchos años en Hollywood, llegando a diseñar en 1956 las sandalias que lucía Moisés en 'Los Diez Mandamientos'. De vuelta a Florencia, el zapatero se convirtió en el diseñador favorito de calzados para los estudios romanos de Cinecittà. Más aún, cuando a primeros de los años 50 Audrey Hepburn se dispuso a trabajar junto a Gregory Peck, a las órdenes de William Wyler, en 'Vacaciones en Roma', Ferragamo diseñó para ella unas bailarinas ligeras que se han convertido en uno de los grandes iconos del estilo en los años 50 y 60; un icono reeditado regularmente desde hace casi sesenta años.
Prueba de ello es que tanto Angelina Jolie como Eva Longoria lucieron las mismas bailarinas por la alfombra roja en la última edición del festival de Cannes. Evidentemente, los reyes del calzado en el cine son ahora Manolo Blahnik y Jimmy Choo, gracias a la publicidad prestada por 'Sexo en Nueva York'. Pero Ferragamo ya se dedicaba al cine mucho antes de que naciera Carrie Bradshaw.
MUSEOS
Gratis en Francia
La gratuidad en los museos no siempre produce los efectos deseados. Al menos esa es la primera conclusión que se puede obtener tras seis meses de prueba en catorce de los principales museos y monumentos nacionales de Francia. Como se recordará, a primeros de año el Gobierno francés puso en marcha una iniciativa temporal de gratuidad en diferentes centros artisticos, a fin de atraer nuevos públicos.
El Gobierno de Sarkozy aprobó igualmente una partida de 2,2 millones de euros para compensar la caída de ingresos en las taquillas de los museos afectados. Pues bien, a pesar de que la iniciativa ha logrado incrementar en una media del 56% la cifra de visitantes a los catorce museos, lo cierto es que no es oro todo lo que reluce. Y no lo es, simplemente, porque tres de cada cuatro visitantes comprendidos en ese incremento ya eran asiduos de las diferentes pinacotecas.
En otras palabras, la gratuidad ha producido un aumento considerable de los mismos visitantes de siempre, pero no ha logrado atraer nuevos públicos. Sin embargo, donde se ha conseguido un éxito más claro ha sido con la entrada gratuita y nocturna para jóvenes entre 18 y 25 años en cuatro museos parisinos, esto es, en el Louvre, el Pompidou, el Orsay y el del Quai Branly, ya que el incremento situado entre el 40% y el 60% se ha logrado con un público joven hasta ahora ajeno a los museos.
Son resultados dispares, en definitiva, para un debate que en Francia tiene más rigor y pragmatismo que en España.
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