El culebrón del verano lleva camino de terminar con algún mosso d'esquadra puesto de patitas en la calle. Pascal Henry, el 'gourmet' desaparecido el pasado 12 de junio tras cenar en El Bulli, no ha dado todavía la cara, aunque ha sido grabado por cámaras de cajeros en Ginebra mientras retiraba dinero con su tarjeta en cinco ocasiones. La Policía autonómica catalana ha abierto una investigación para averiguar por qué una treintena de agentes rastreaba el jueves durante ocho horas los alrededores del restaurante de Ferrán Adrià en Roses, Gerona, dos días después de que la Interpol le enviara una notificación advirtiéndoles de que Henry estaba vivito y coleando. A 670 kilómetros.
Al parecer, la comunicación fue enviada por fax a última hora del martes, pero el agente encargado de recogerla se encontraba indispuesto y no fue a trabajar. Cuando leyó el jueves el documento de Interpol procedente de Berna, los Mossos ya habían batido más de 100 hectáreas por áreas boscosas, acantilados y calas. Treinta agentes inspeccionaron la agreste zona bajo un calor inhumano con un helicóptero y un todoterreno. Interior ha abierto una investigación interna y secreta para depurar responsabilidades.
El mundo entero se ha preguntado cómo Henry podía permitirse un 'tour' gastronómico por los 68 restaurantes condecorados con tres estrellas Michelin a lo largo y ancho del planeta. Sobre todo, con su sueldo de mensajero de relojes en régimen de autónomo. Cuando llegó a El Bulli ya había recorrido 40. Se las había ingeniado para estar apadrinado por Paul Bocuse, el chef más prestigioso del planeta, que hasta enviaba faxes a los locales anunciando la llegada de su protegido. En el restaurante de Adrià cenó opíparamente y felicitó a los cocineros, pero a la hora de pagar se excusó porque iba al coche a por unas tarjetas de visita. Sobre la mesa dejó su sombrero, una libreta con las impresiones del viaje y la cuenta sin pagar: 240 euros que 'El Bulli' insiste en que no va a reclamar.
Mientras, la Policía suiza considera que el caso Pascal Henry pertenece al ámbito de la vida privada, y por tanto, no están legitimados para inmiscuirse. «Una persona adulta tiene el derecho a desaparecer -explican desde Ginebra-. Que Pascal Henry sea suizo y ginebrino no quiere decir que tengamos que buscarlo en media Europa. En el caso de que reapareciera, nosotros no tendríamos nada que hacer».