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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Sociedad

CRÓNICA SOCIAL

Contemplar a Jolie y Pitt con sus gemelos puede provocar el síndrome de Stendhal

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Dicen los psicólogos que la profesión que uno ejerce determina su carácter y, desde luego, su forma de ver la vida. Lo estaba pensando hoy, al contemplar a Brad Pitt y Angelina Jolie, junto a su extensa camada de preciosas criaturas... Estos dos están tan acostumbrados a trabajar en superproducciones que, incluso en el día a día, no saben hacer otra cosa. Ya lo dice el propio Pitt: «Si haces algo, hazlo a lo grande».
Y en ello están: seis hijos de distintas razas en sólo tres años, bellísimos bebés que nacen a pares, dan la vuelta al mundo antes de echar los dientes y se crían entre fabulosos áticos neoyorquinos y paradisiacas mansiones provenzales; astronómicas exclusivas que a su vez darán pie a grandiosos proyectos solidarios... Los más guapos, los más ricos, los más listos, los más fértiles, los más altruistas, los más... (Uf, disculpen que me retire a tomar un poco el aire, pues ante tal sobredosis de perfección empiezo a notar que me ataca el temible síndrome de Stendhal).
Supongo que ya lo saben, Jolie y Pitt han posado por primera vez con sus bebés recién nacidos (Knox Leon y Vivienne Marcheline) y han vendido el reportaje a dos revistas ('¡Hola!' y 'People') a cambio de nueve millones (nueve) de euros, que irán destinados a su propia fundación humanitaria, porque nadie como ellos (seguro que eso piensan) puede arreglar más y mejor el mundo con esa cantidad de dinero.
Lo primero que me viene a la cabeza es ¿por qué hay tanto parto gemelar últimamente entre los famosos? Podría decirse que es gracias a las nuevas técnicas de reproducción asistida. Pero, por supuesto, no es el caso de estos dos megadioses del Olimpo. Ellos mismos han aclarado (¿hacía falta?) que su capacidad para engendrar es proverbial y que no han tenido que recurrir a la ciencia. De manera que sólo cabe manejar otra teoría: que el óvulo fecundado de padres ricos y famosos, barruntándose la opulenta existencia que le aguarda al nacer, puede llegar a multiplicarse por dos de pura codicia.
He visto esas fotos en exclusiva y he leído esa entrevista con la misma devoción con que de niña contemplaba un capítulo de 'La casa de la Pradera' (Brad Pitt ha encontrado en Charles Ingalls el papel de su vida) y, al mismo tiempo, he sufrido por Belén Esteban y por todos aquellos que tengan problemas con el azúcar, pues como se traguen de golpe semejante pastelón se arriesgan a acabar en Urgencias.
Competitivos hasta el límite, como se espera de dos grandes estrellas de Hollywood, Pitt y Jolie han dado un golpe maestro adelantándose con su exclusiva a las Olimpiadas de China y presentando otro 'nido', el suyo, todavía más fotogénico y olímpico que el famoso estadio de Pekín. Sugiero que les den ya, sin más dilación, todas las medallas; la de la paternidad responsable, la del amor conyugal, la de la felicidad... Y, por encima de todo, la del divismo.
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