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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Sociedad

ROBERTO OSLÉ PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN AMIKECO

Algunos maltratadores pueden superar su agresividad con terapias de seis meses
05.08.08 -
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«La violencia doméstica no depende de la clase social»
Roberto Oslé en la sede de Rekalde. /EL CORREO
La Asociación Amikeco nació en Euskadi hace seis años para «dar un espacio a los hombres con conductas violentas», dice Roberto Oslé, su presidente. Atienden a personas de todo el País Vasco, voluntarias o enviadas por los servicios sociales, con el fin de ayudarles a abandonar sus actitudes violentas y a cambiar, sobre todo, la idea que tienen de qué es ser un hombre y cómo debe comportarse con una mujer. «La mayor parte de la violencia es verbal y psicológica», apunta Oslé, «impulsada por una sociedad donde hacer chistes sobre la hombría es habitual». Avisa también de que la agresividad crece entre los jóvenes que viven en medio de la permisividad educativa y en un espacio muy competitivo.
-¿En qué fase acude un maltratador a Amikeco?
-Vienen personas obligadas por una condena judicial que ya han maltratado a sus parejas; y otras voluntarias porque en su vida diaria notan que pierden el control habitualmente, que tienen respuestas desmedidas a problemas sencillos, mucha impulsividad, enfados mal llevados. También quienes quieren arreglar su carácter antes de que sea tarde.
-¿Cómo es la terapia para rehabilitar a alguien acostumbrado al uso de la violencia?
-Es una terapia en grupo que, tras el diagnóstico o la condena judicial, trata de que las personas comprendan por sí mismas qué les ha llevado a la violencia, de que analicen sus propios pensamientos y sus sentimientos en el momento en que se sulfuran. Al acabar solemos mantener un seguimiento.
-¿Hablan de qué pasa por su cabeza cuando están agrediendo a alguien?
-Al principio son remisos, les cuesta hablar de ello; luego se van soltando, animados por el grupo, y reconocen sus acciones. Desarrollan también la capacidad de escucha. La suelen tener bastante limitada.
Reconocerse en otros
-¿Qué señalaría como lo más importante para rehabilitarse totalmente y dejar de agredir a la pareja?
-Lo más importante es reconocer en otros lo que no pueden ver en sí mismos. Asustarse, por ejemplo, ante la violencia de los participantes cuando 'se calientan' les ayuda a entender que sus parejas también se asustan cuando ellos se muestran violentos, gritan y golpean objetos o a ellas mismas.
-¿Cuánto dura el tratamiento?
-Lo normal son seis meses, que es cuando se valora si se está listo para acabar el tratamiento, pero algunos llevan aquí dos años. Incluso personas condenadas siguen viniendo después de haber cumplido su pena porque dicen encontrar un soporte para continuar con su vida cotidiana. Otros, que están desmotivados y no se reconocen como personas violentas, abandonan. Nosotros, eso sí, ni los juzgamos ni los culpabilizamos.
-¿Cuál es el exito de la terapia?
-Nuestra experiencia es que un porcentaje alto acaba la terapia y vive cambios significativos en su vida privada, abandonando las actitudes violentas y mejorando la comunicación.
-Mucha gente asocia a un maltratador con un hombre de pocos recursos económicos y con algún problema de adicción.
-La llamada violencia doméstica no depende de la extracción social o del nivel cultural. Por aquí han pasado desde universitarios a gente sin estudios. Sí es cierto que una persona con problemas de alcohol o drogas puede desarrollar más agresividad. Podemos decir que hay una relación.
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